martes, 15 de agosto de 2017

Demonio de fantasia



El atardecer llenó de tonos rojos y naranjas el bosque. Las hojas crujían ligeramente bajo el peso de aquel hombre silencioso que parecía flotar. Caminaba suavemente cubierto por una capa de viaje de color carmín oscuro, del mismo tono de la sangre seca. La capucha baja ocultaba completamente el rostro del mago que cruzaba aquel bosque.
Poco a poco los árboles que encontraba a su paso estaban más escasos de hojas por el otoño. Mientras la luz del sol moría tras las montañas, las sombras se apoderaban de aquel bosque, que poco a poco se convertía en un paisaje lleno de árboles desnudos y de troncos malformados. Las ramas a la mortecina luz de la luna se elevaban como manos suplicantes de almas agonizantes tratando de alcanzar un consuelo inexistente.
Algunas ramas se atoraban en la capa de viaje del mago, intentando detenerlo en su viaje. Sin embargo el mago de capa carmesí no se inmuto ante los dedos rugosos de los árboles que salían a su paso.
El mago se detuvo de pronto. Tomo un puñado de tierra que había cerca de sus pies, y murmuro un conjuro antiguo con voz ronca y susurrante. Soplo la tierra que sostenía en su palma, y de inmediato la tierra voló como impulsada por una brisa suave. Y mientras la tierra se elevaba por los aires, frente al mago, se materializo una torre de piedra, como si una niebla invisible se retirara y dejara expuesta la fría piedra a la mirada del mago.
El mago toco la puerta de madera con la palma de la mano y, la puerta se desmenuzo en miles de astillas que se reintegraron nuevamente en una puerta, cuando el mago hubo cruzado la entrada. El mago saco de capa de viaje una pequeña vara con un cristal de cuarzo transparente y pronuncio una palaba mágica, enseñada a los hombres por el Dios del fuego, y el cuarzo brillo con la intensidad de una estrella nocturna. El Mago subió por las escaleras de piedra hasta el nivel más alto de la torre y encontró a otra figura encapuchada en una capa negra.
-Te esperaba- Dijo la figura con una voz suave como brisa marina.
-La última prueba te espera. Has pasado con éxito la prueba de la sabiduría, y la prueba del poder. Pero para ser un verdadero mago, para ser aceptado en la Orden de la alta hechicería, debes aun pasar la última prueba. ¿Estás listo?-
El mago carmesí estuvo mudo por unos segundos. – Estoy listo-
-Entonces entra- respondió el mago negro, y abrió la puerta.
El mago carmesí entro en la habitación que estaba a oscuras. Solo por una abertura en el techo entraba un nítido rayo de luna, que iluminaba el piso justo en medio de la habitación.
El mago carmesí estaba desconcertado. No había nada. A comparación de las otras pruebas, esta habitación no tenía nada, estaba vacía. Giro para preguntar al mago negro cual era el inicio de la prueba. El Mago negro estaba de pie en la puerta, levanto su mano y el silencio se rompió por un conjuro suave, como el susurro que queda en el bosque después de una noche de tormenta. En su palma se formó una pequeña esfera brillante. Por primera vez el rostro demacrado el magro negro se pudo apreciar ante la luz suave de la pequeña esfera.
-Bien mago.- dijo con voz potente- esta es tu prueba final. Enfrenta el conjuro del Demonio de fantasía- y dicho esto soplo sobre la pequeña esfera de luz, que se convirtió en una mariposa brillante que se movió en la palma del mago y después alzo el vuelo. La mariposa volaba de forma pausada hacia el rayo de luna que caía en medio de la habitación. Cuando toco la luz de la luna, la mariposa exploto en un sinfín de mariposas brillantes que dejaban caer un polvillo como de diamante, que muy pronto se convirtió en una bruma brillante. El mago carmesí pronto se vio envuelto en aquella bruma.
De repente, la luz de la luna se convirtió en una luz brillante como el medio día, y alrededor del mago se dejaron ver arboles robustos y llenos de hojas verdes, el piso de piedra de pronto fue un manto de hierba y musgo suave, flores se abrían tachonando el piso de colores.
De pronto uno de los arboles más robustos emitió un ruido sordo y el tronco se abrió y de su interior salió un hombre.
El mago reconoció en seguida a un leñador que conoció un par de meses atrás, en un pueblo junto al lago de la Estrella. El leñador era un hombre grande y fuerte. Con el torso desnudo y unos pantalones y botas de cuero. La barba era grande y desordenada, lo mismo que el vello del pecho amplio, y de sus brazos poderosos
El hombre salió del tronco del árbol y camino hacia el mago. Con paso rápido se paró frente al mago, y antes de que pudiera hacer nada, lo tomo del cuello. El mago sentía la mano del leñador apretando su cuello. Apenas podía respirar. No podía liberarse porque ni siquiera podía articular una palabra, mucho menos un conjuro.
El leñador tiro al suelo al mago, y sin darle tiempo de nada comenzó a desgarra la capa y las vestiduras del mago. Sorprendido y aun sin poder respirar, vio cómo su capa era reducida a jirones, su pequeña vara con el cuarzo en la punta salió volando y se perdió entre la hierba. La angustia creció cuando el leñador rompió toda su ropa y sus artefactos mágicos se esparcían y se perdían entre la hierba. La arena de las dunas del sueño, el frasco con el agua de los pantanos de la miseria, las hojas de las hierbas que recolectaba en el campo volaban mezclándose con el aire. De repente, cuando pudo articular palabra, se vio tirado en la hierba desnudo. Aún tenía su poder, pero debía poder pronunciar palabras.
La base de la magia son las palabras. De nada sirve tener los objetos mágicos, de nada sirve conocer el conjuro ni tener el poder para desencadenarlo. En necesario pronunciar las palabras. Decir el conjuro es lo que libera la magia. Es lo que hace girar al mundo. Cuando somos niños las cosas adquieren sentido cuando las nombramos. Nuestra realidad se vuelve comprensible cuando la podemos describir con palabras. Los sentimientos se vuelven reales cuando alzamos la voz y los definimos. Tal es el poder de las palabras, que lo que no pronunciamos no existe. Tal es el poder de la voz que si no pronunciamos las palabras el poder no  se desencadena. Debemos pronunciar, de la forma adecuada y con las palabras adecuadas para que la magia surja.
Es cierto, faltaban sus objetos mágicos. Pero los objetos son solo objetos inanimados, que solo tiene la capacidad de hacer magia, porque el mago con su voz libera esa magia. Mientras pudiera hablar, el conservaba su magia, su poder.
El leñador tomo las tiras de tela que quedaban de la capa del mago y le ato las manos al árbol. El mago quedo apenas tocando la hierba del suelo con los dedos. Ahora el mago se hallaba completamente desnudo frente al leñador, y por su cabeza pasaban los conjuros a una velocidad sorprendente, intentando decidir cuál sería el más adecuado. Mientras recuperaba el aliento y su garganta se abría lo suficiente para poder hablar nuevamente.
El leñador comenzó a acariciar el cuerpo del mago. Recorriendo cada parte de su piel. El mago perdió la concentración al sentir el toque de esa mano áspera. Sus pezones se levantaron y su pene se llenó de sangre. A pesar de ser uno de los magos más poderoso fuera de la orden de la alta hechicería, también era un hombre. Y deseaba a ese leñador.
La primera vez que vio al leñador en el bosque frente al lago, quedo sorprendido por ese cuerpo viril y poderoso. El mago practicaba sus hechizos del elemento agua. Y dejo de practicar. Durante días no pudo sacarse de la cabeza la imagen de ese hombre. Su pecho sudoroso y velludo. Sus brazos fuertes, su barba negra y espesa.
El mago soñó un par de noches con él, deseo besar sus labios, sentir esa barba rasposa en su espalda. Sintiendo sus manos callosas recorriendo su piel suave. Lo deseo de tal forma y con tal fuerza que el mismo mago tuvo miedo. Él era un mago poderoso, no debía ceder ante esos impulsos y deseos.
Ahora tenía al leñador frente a él, tocándolo. Casi podía oler el aliento fuerte de ese hombre. El olor a tabaco y cerveza. Casi podía saborear ese sudor de gusto fuerte y ligeramente amargo. Pero no. Eso no podía ser. Estaba en una prueba, tenía que concentrarse.
Solo un hechizo, solo uno lo separaba de su libertad. Intento pronunciar un conjuro pero los labios del leñador ahogaron las palabras. El paraíso se abrió para el mago al sentir ese beso largo y profundo.
El leñador tomo otras tiras de tela y las trenzo en un látigo de una sola cola, y comenzó a azotar al mago. La tela se sentía suave, y el mago se sorprendió porque esperaba dolor, pero en su lugar sintió un sorprendente placer. Su concentración se fue volando.
El leñador se acercó y beso nuevamente al mago que sin saber cómo, de repente se vio atado entre dos árboles. El leñador se puso a sus espaldas y comenzó a azotar su espalda, y sus nalgas. El mago sentía un dolor placentero que iba aumentando con la intensidad de cada azote.
Su mente se debatía entre el placer y un conjuro. Las palabras se rompían en su boca y se esparcían en el aire como gemidos de placer. Pronto el dolor se hizo más agudo y pronto las palabras se rompieron en gritos. Algo pasaba en él. El dolor se convertía en placer y no podía pensar claramente. El conjuro no alcanzaba a formarse.
Su espalda se sintió caliente y la piel le dolía. Entonces el leñador dejo de azotar. Se acercó y paso su lengua tibia y húmeda por la espalda adolorida y enrojecida. El mago soltó un suspiro de placer y la sensación de dolor y de alivio borro nuevamente las palabras de su conjuro.
Antes de poder intentar nuevamente concentrarse, sintió como el leñador ataba sus testículos y ataba a la rama de un árbol el otro extremo. Sus testículos se estiraban hacia arriba produciéndole un dolor cosquilleante que nunca había sentido. Se sorprendió de ver que su verga estaba dura y a punto de explotar. Le invadió un sentimiento de vergüenza. Le daba pena que el leñador se diera cuenta de cuanto estaba disfrutando el dolor y la humillación. De repente recordó que estaba en una prueba, y era seguro que el mago que le dejo entrar a la torre estaría viendo. Se sintió miserable porque ahora ese mago estaría viendo sus deseos más profundos, sabría que deseaba hombres, y que disfrutaba siendo torturado y humillado. La vergüenza cubrió su mente y deseo no estar ahí.
Mientras tanto, el leñador tomo una flor azulada parecida a una copa, y de sus pétalos cayeron gotas de roció que al tocar el pecho del mago, se sintieron como gotas de cera.
La sensación de calor lo saco de sus pensamientos y no hubo tiempo de tener más pensamientos vergonzosos. Las gotas de roció se hacían más calientes y avanzaban hacia abajo. Tocaron sus tetillas, y luego el leñador fue bajando lentamente hacia el abdomen. El mago sentía el calor y el dolor bajando hacia su verga, y pronto la sensación de cada gota cayendo en la piel suave de su prepucio hizo que su mente explorara de placer. Sentía como su verga vibraba a cada gota. Sentía como el líquido caliente resbalaba desde la punta de su verga y caída en sus testículos estirados sin piedad.
El leñador dejo caer la flor y se colocó detrás del mago. Y tomo entre sus dedos las tetillas del mago.
Y la mente del mago voló al cielo.
Sentía la barba rasposa en su espalda, sentía el aliento tibio en su cuello, sentía el pantalón de cuero abultado por la verga del leñador. Sentís los dedos callosos apretando sus tetillas, sentís su verga palpitar por el líquido caliente, sentís sus testículos que vibraban por la tensión de la tela que los sujetaba a la rama.
Y en medio de tanto placer el lugar de un conjuro poderoso, lo que salió de su boca fue un grito potente.
-Hazme tuyo, penétrame, tortúrame, humíllame, hazme tu esclavo. Por favor-
Y entonces el mago eyaculo. Y le pareció una eternidad el tiempo que le tomo a su semen volar por el aire y caer entre la hierba.
Entonces, mientras duraban los espasmos del orgasmo, solo pudo decir con voz suave
-Este soy yo-
Cuando abrió los ojos, el mago carmesí estaba tendido en el piso, en medio de la habitación, y la luz de la luna iluminaba su pecho. Aturdido, se arrodillo sintiendo un poco de mareo, y sintió una mano que lo levantaba. A la luz de la luna pudo ver los ojos del mago negro brillando como dos granos de café. Su mirada era serena.
-Bien hecho-
El mago carmesí le miro sorprendido- Pero, ¿porque?, no he podido hacer ningún conjuro-
El mago negro le entrego un pergamino, y le dijo suavemente. – Este es el pergamino que da fe de tu prueba exitosa, ahora debes ir a la Torre obscura para recibir tu investidura como miembro de la orden. –
El mago carmesí miro el pergamino en su mano. No entendía lo sucedido. Miro a su alrededor, el mago negro ya se desvanecía, como si su cuerpo se disolviera en la negra pared,  y solo escucho su voz
- No hay conjuro más poderoso que aceptar y decir orgulloso lo que eres, No hay prueba más difícil que aceptar tus deseos más obscuros y aceptarte a ti mismo. Ese poder rompe cualquier barrera que tengas ante ti. El poder surge de ti, pero si no te aceptas, tu poder jamás dejara de ser mediocre. El Demonio de fantasía te enfrenta a esa parte que deseas ocultar. Al aceptarte, el poder del Demonio de fantasía se rompió, y ahora tu poder puede alcanzar el máximo nivel.
Por cierto…el leñador sigue junto al lago.
Dicho esto, la sombra del mago negro se desvaneció del todo.




Salf/310717/ver 2.4

Las lagrimas de Einstein



El cuerpo humano siempre me ha sorprendido. Se adapta, se transforma.  La mayor parte de las personas cree que su cuerpo es estático, que cambia muy lentamente. Luchan a diario por detener el tiempo, pero no entienden su cuerpo. La temperatura  sube y baja todo el día, la presión arterial se jamás esta quieta. La piel se renueva y el polvo de nuestras casas no es otra cosa que células muertas, que van cayendo todo el día. El cabello crece, las células de nuestro cuerpo nacen y mueren todos los días. El clima cambia, la comida cambia y el cuerpo se adapta. Y cuando torturas un cuerpo, también se adapta. Los nervios envían impulsos eléctricos que desencadenan cascadas de sustancias químicas que transforman el ambiente químico del cuerpo. La piel engrosa por los latigazos. La piel del escroto se hace más elástica al colocar peso en los testículos. Los mecanismos generadores de adrenalina se hacen más sensibles. Darwin debería haber conocido el BDSM. Lo habría disfrutado en más de un sentido.
Abrí la puerta y ahí esta mi perro. Enfundado en una camisa y un pantalón camuflado. Su cabeza baja y su mirada sumisa me complace siempre. Al cerrar la puerta, al tronar mis dedos, mi perro se arrodilla y besa mis pies con reverencia y adoración. Lo tomo del cuello, lo obligo a levantarse, y con la mirada en el piso lo llevo lentamente a subir unas escaleras. Sus pasos resuenan en el piso de loseta blanca.
Al llegar a la recámara le ordeno desnudarse y arrodillarse. Le dejo lamer mis pies como premio a su esfuerzo. Le dejo pasar su lengua por cada uno de mis dedos, le dejo sentir la piel de mi empeine. Le dejo quitarme las sandalias y lamer las plantas de mis pies. Es un placer para el, un premio antes de todo lo que esta por venir.
Le tomo del cabello y le levanto la cabeza a la altura justa para ponerle el collar de perro, hecho en cuero negro. Le coloco la cadena en la argolla que queda a la altura de la manzana de adán y lo dejo seguir jugueteando con mis pies. Mientras lame, le coloco pinzas en las tetillas. Son pinzas metálicas, unidas a una cadena. La presión y el peso de la cadena le causan dolor y placer. Cierra los ojos abandonándose a la sensación y su verga se erecta sin tocarla.
Tomo una cuerda negra, y sujeto sus testículos. Es hora de atarlos, de tenerlos cautivos. Doy vueltas en su escroto mientras sus testículos van encontrando cada vez menos espacio. La piel se estira causando dolor, y su piel se enrojece mientras sus bolas parecen estallar.
Paso mis dedos por su espalda, acariciando cada parte de su piel. Siento los cambios de temperatura, siento sus huesos bajo la piel. Recorro su columna vertebral, sintiendo cada protuberancia. Bajo hasta sus nalgas. Doy algunos golpes ahuecando mi mano para hacerlos más sonoros. Me gusta que sienta los golpes, mientras el sonido entra por sus oídos y llega a su cerebro. Piso la cadena con mi pie desnudo y voy jalándola poco a poco para forzarlo a ponerse en cuatro patas y tu cara lo mas cerca del piso. Y lo mantengo así, lamiendo mis pies mientras uso mi mano para enrojecer sus nalgas hasta el color que me gusta ver.

Las lágrimas son liquido segregado por las glándulas lagrimales principalmente. Su propósito es lubricar y limpiar el ojo, y también intervienen en la óptica. Entre sus funciones principales esta el distribuir el oxigeno en la superficie del ojo, ayuda a mejorar la visión, además de lubricar el ojo. También tienen propiedades que ayudan a eliminar bacterias, eliminan residuos solidos que puedan caer al ojo. Y además absorben parte de los rayos ultravioleta de la luz solar
Hay tres tipos de lágrimas. La primera es la lágrima basal, la cual es liquido que se produce regularmente y lubrica  el ojo.
La segunda es la lágrima refleja. Estas lágrimas se producen cuando entra en contacto con el ojo alguna sustancia irritante, para tratar de lavar el ojo y evitar el daño. También se producen al bostezar, al vomitar, o al contacto de sustancias picosas con la lengua o boca.
La tercera categoría son las lágrimas emocionales. Estas están provocadas por la felicidad, la ira, el miedo y otras emociones. Tienen una química diferente debido a que están provocadas por otro tipo de estímulos nerviosos. También se producen por el dolor físico.
Lleve a mi esclavo a la cama guiándolo con la cadena. Lo  subí y lo deje a cuatro patas mientras preparaba cuerdas y paliacates para inmovilizarlo.  Ate un paliacate a su muñeca. Me gusta usarlos debido a que funcionan como muñequeras, distribuyen la presión y pueden atarse de diferentes formas. Después de atarle las cuatro extremidades, lo tome del cuello y baje su cabeza hasta que todo su cuerpo quedo apoyado en el colchón. Extendí cuerdas y comencé a atara las cuerdas a los paliacates para estirarlo completamente.
Tome una vara y comencé a dar pequeños golpes por todo su cuerpo
Primero la espalda, bajando por los laterales hasta llegar a las nalgas. Acaricie con la punta de mi vara su cuerpo mientras la respiración de mi esclavo comenzaba a acelerarse.  Los golpes comenzaron a aumentar su intensidad.
Ajuste las pinzas de las tetillas para aumentar también la presión lograda.
Regrese a la vara. El mango recubierto de plástico negro se siente tibio al tacto. La larga vara se balancea entre mis dedos mientras cae una y otra vez sobre su espalda. Golpes en vertical. Golpes en horizontal. Golpes en diagonal. La lluvia de golpes cae mientras el eco de La gran pascua rusa de Korsakov suena en el aire y llena el cuarto. Llena mis oídos, lleva el compás y marca el tiempo de cada impacto.
A cada momento se agrega una nuevo golpe, una nueva marca. Después de un tiempo que se antoja eterno, tu espalda se vuelve roja  y un tapete  de líneas rectas ha formado un intrincado dibujo de triángulos y cuadrados mezclados entre si.
La respiración se agita y puedo ver como tu cuerpo se estremece en cada golpe.
Es tiempo de la cera…
Enciendo las velas y la luz se comienza a esparcir por la habitación. Al principio tímida, y después potente. Las pequeñas llamas bailan y dotan de vida todos los objetos alrededor. Tu cuerpo parece cobrar vida temblar al compás de las sombras en la pared.
La luz esa energía encerrada en una materia que no es ni solida ni liquida ni gaseosa.  Y mientras acaricio tu piel caliente, pienso en la ecuación de Einstein. La energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. La materia se puede convertir en energía y la energía esta guardada en la materia. La energía puede concentrarse y estallar. Impregnar todo alrededor. Llenar de luz y color el aire.


Dejo caer la cera en la espalda de mi esclavo. Cada gota cae y se lleva una parte de la energía del fuego en ella. Mientras cae, parte de la luz que esta encerrada en cada gota se transmite y penetra la piel de mi esclavo, que lentamente va acumulando en su piel, en cada parte de su cuerpo la energía del fuego y la luz. Su espalda deja poco a poco su color rojo y queda sepultada por una masa suave de color blanco.
Esa piel que absorbió la energía de cada golpe de mi vara. Cada impacto transmitió una pequeña cantidad de energía a su piel. Cada golpe como gotas cayendo en un estanque, formando ondas de energía que de difuminaban por toda su piel. Esa energía contenida en el cuerpo de mi esclavo esperando liberarse.
Suelto las cuerdas y sujeto la cadena de mi esclavo y lo levanto de la cama. Lo llevo a una columna y le ato las manos a lo alto de la columna. Ato su cintura y sus pies para tenerlo inmovilizado. Un hermoso San Sebastian abrazado a la columna esperando el suplicio que lo llevara al cielo en medio de su rapto místico.
Tomo un látigo de cuero. La piel del mango se siente suave al tacto. Las colas caen naturalmente. El peso que se balancea es agradable. Cada cola es un objeto lleno de energía lista para liberarse y transmitirse.
La gran Pascua Rusa sigue sonando al fondo.
Comienzo a dar latigazos suaves, los necesarios para que la adrenalina corra nuevamente por sus venas y un gemido mezclado con un suspiro se escapa de su boca.
Sabe que es lo que viene.
A cada momento los golpes ganan en ritmo y fuerza. Mientras caen los golpes, caen también pequeños trozos de cera. Vuelan en el aire como pequeños fragmentos de mármol arrancados por un cincel. Al pasar el tiempo, la cerca se va y queda la piel sensible. La sesión de vara y de cera la ha dejado predipuesta a sentir  más el castigo infligido por el latigo.
La velocidad aumenta y también la fuerza. Cada cola del látigo transmite más y mas energía a su cuerpo. Sus ojos enrojecen, su respiración se agita. Su piel se estremece más y más. La gran pascua rusa se acerca al final. Golpe tras golpe, la boca se tensa, la saliva resbala mientras trata de aguantar el dolor sin gritar.
El látigo caer y la piel enrojece. Cada cola deja la marca de su paso y de la energía trasmitida. Es hermoso ver como las colas dejan caminos en la piel. Formas caprichosas aparecen en la piel, y una imagen de Rorschar aparece en la espalda de mi esclavo a cada latigazo.
Los músculos se tensan y el cuerpo de mi esclavo comienza a tener pequeños espasmos a cada golpe. El dolor se hace más intenso. Aumenta de la misma forma que aumenta la energía contenida dentro de mi esclavo.
Y entonces llega. El dolor rompe la resistencia de mi esclavo. El grito sale de su garganta puro y sonoro. El cuerpo se suelta y simplemente se abandona al dolor. Y las lágrimas fluyen.
Esas lágrimas puras y cristalinas que brotan de sus ojos y corren raudas por sus mejillas.  Lágrimas que caen en un pequeño tubo de cristal.
Si Eintein viviera posiblemente podría ver en ese liquido transparente y con un ligero tono dorado, una gran cantidad de energía transformada en materia. Materia pura y brillante. Lágrimas puras y brillantes.
 Materia de enorme valor por ser transformada dentro de un cuerpo. Cada golpe esta ahí presente. Cada gota de cera. Cada huella del látigo tiene ahí su representación. Energía radiante atrapada en un pequeño cristal.
Le muestro el pequeño frasco a mi esclavo. Y le susurro que todo a valido la pena una vez más. Le beso, le acaricio agradecido por el regalo. Le suelto de sus ataduras y le dejo abrazarme las piernas.
Mientras el descansa a mis pies, pienso en esa energía brillante y pura que me pertenece y que pronto bajara por mi garganta para nutrir mi cuerpo.
 Al contemplarla me siento como un alquimista medieval. Y mientras me pregunto que pensaría Einstein de mi teoría, lo imagino frente a mi. Y solo puedo decir.
¡salud!




viernes, 3 de abril de 2015

50 sobrevaloradas sombras de Grey


El muro de los lamentos / 50 sobrevaloradas sombras de Grey

Has unos días por fin supere mis prejuicios y fui a ver 50 sombras de Grey al cine. La función termino y yo salí con una certeza: me gusto la banda sonora. Las canciones fueron excelentemente bien escogidas. Y como no, si quien estuvo a cargo de la música fue Danny Elfman, uno de mis músicos preferidos en cuanto a cine se refiere.
La película ha causado más revuelo que lo que hizo la novela en México, donde al menos en mi experiencia, no paso a las grandes ligas. Recuerdo haber visto en una tienda de autoservicio la trilogía de novelas el año pasado en oferta a 250 pesos.

Como suele suceder con las novelas pasadas a film, los resultados son disparejos. Asi que vamos por pasos.

La novela escrita por E. L James en si, no es para el premio Nobel de literatura. Es una novela fácilmente olvidable de estilo rápido de leer. No hay casi nada para reflexionar ni ideas profundas, todo es superficial. Escrita básicamente como un diario de adolescente estadounidense, todo se va en sus reflexiones y su modo de ver las cosas. Siempre con un tono de quinceañera, por momentos un tanto boba, la novela relata una especie de historia tipo Cenicienta porno con un toque BDSM. Mucho se ha dicho acerca de que es una novela BDSM, pero al leerla, el contenido BDSM es muy poco y de mala calidad. Es mucho más la historia de amor tormentosa entre una quinceañera romántica ( a pesar de la edad escribe como adolescente, estudia letras inglesas leyendo a jane Austen, y las hermanas Brônte, además de tener una especie de Pepe grillo que no sirve de mucho, insegura y virgen), y un millonario aparentemente  perfecto (es inseguro, con un discurso de "no te convengo pero no te dejo", y solo busca pretextos para no tener contacto emocional con nadie).

La novela posiblemente encuentre su mayor atractivo en lo explícito de los encuentros sexuales de los protagonistas, que básicamente son pornográficos y muy largos. La escritora explota las fantasías femeninas de como sería hacer el amor con un hombre perfecto, que conoce el cuerpo femenino al detalle. No en vano la virginidad de la protagonista, lo cual deriva en el pretexto perfecto para una relación sexual (hacer el amor) de muchas, muchas letras. 
Mientras que la primera parte de la novela se va en un juego de “ me quiere, no me quiere”, la segunda parte es coger y conflicto existencia, coger y conficto existencial, coger y conficto existencial. El BDSM se reduce a un mero pretexto para el conflicto existencial en un eterno “me gusta, pero es perverso, pero me gusta, pero solo me quiere castigar, pero me gusta, pero no es bueno para mi, pero me gusta” En cuanto al contenido BDSM es minimo. Un cuarto lleno de parafernalia que casi no usa, un contrato que no es funcional y que nunca se firma, y referencias que son anodinas y superficiales. Por último, el supuesto Amo Grey, se plantea más como un hombre solo e inseguro que solo usa el BDSM como barrera de protección, que no ha aprendido casi nada en sus años de practicante con 15 sumisas en su haber, porque solo ve en el BDSM el medio de apartarse de la gente, y controlar que nadie lo dañe. No hay ningún crecimiento ni plenitud en él, solo un comentario monótono de que gracias a ser el sumiso de una amiga el sobrevivió y logro ser el que es.

La película por su parte es harina de otro costal. La directora es una mujer inglesa que al parecer tiene en esta película su opera prima (primer largometraje). Antes de ello, Sam Taylor-Wood se dedicó a la fotografía y realizo algunos trabajos en video. Lo cual es evidente en los muchos planos individuales y acercamientos a la cara de los personajes intentando plasmar los gestos y dudas en los rostros, aunque a veces no había mucho que plasmar. Fallas e incoherencias en el guion y la inexperiencia de la directora dieron como resultado que la película desaprovechara muchos recursos y situaciones que habría hecho mucho más interesante la película.  A diferencia de la novela, la película centro su historia en el choque de dos mundos opuestos diametralmente, y lo que sucede del encuentro. Nuevamente la historia tipo Rosa Salvaje se presenta aquí. La chica clasemediera sin mucha autoestima y de autoimagen baja, se enamora del millonario superguapo, (bueno en realidad medio guapo), super sofisticado(¿?) y que encuentra en ella, lo que nunca ha encontrado en otra mujer.
La ya trillada historia del hombre rico que encuentra en la pobre e ingenua a la mujer de sus sueños
Y he aquí el choque de mundos, una mujer y un hombre, una clasemediera y un millonario, una fea y el superguapo, el hacer el amor y el sexo sin compromiso emocional. ¿Y el BDSM?. Nuevamente es un mero accesorio. Es un pretexto para desencadenar el choque de mundos y desencadenar algunas situaciones, pero nunca es el protagonista ni es tomado en serio. Es solo el componente morboso para que la historia de amor se desarrolle. Y desafortunadamente, solo como componente morboso, pues como a la escritora, a la directora no le interesa dar una idea real del BDSM, solo lo que pueda ser pasto para comentarios, tratando de respetar la novela.

Desafortunadamente la inexperiencia de la directora hace que los momentos más eróticos no sean tan eróticos, y no hay imágenes que resalten de la película. No hay imágenes que se conviertan en icónicas, o secuencias que perduren. Momentos que deberían ser mágicos (el vuelo en planeador), icónicos (la primera vez como sumisa de Anastasia), inolvidables (la desvirgacion de Anastasia) o terribles (los cinturonazos), no pasan de ser secuencias que en cualquier serie de televisión americana, se pueden ver, sin senos, claro está.
Desde mi personal punto de vista, después de leer la novela y ver la película de 50 sombras de Grey, puedo decirles que les recomiendo ampliamente el relato corto y la película del mismo nombre: Secretaria. El relato es más corto, y mejor escrito. La película es más interesante y divertida, y sobretodo nos cuenta una historia en una película, cuando 50 sombras lo hará en tres. Y si seguimos la moda de dividir la última novela de una trilogía en dos, serán cuatro películas.

Lo mismo que ha sucedido en otras ocasiones, la película ha sido blanco de criticas y ataques por quienes consideran que va en contra de la dignidad femenina. La verdad no hay manera de saber cuales son opiniones autenticas, en cuyo caso son lecturas superficiales. O cuales son ataques orquestados a manera de publicidad. En lo personal, creo que fuera de algunos golpes consensuados, no hay mucho rastro de violencia domestica o cosas similares. Es más, hay mucho mas de romance rosa que de violencia.

Por último, solo cinco comentarios:
De 50 sombras la novela si aprendí algo: IHOP son las iniciales de International House Of Pancakes. Tengo una sucursal cerca del trabajo y nunca tuve curiosidad de saber más del nombre.

De 50 sombras la película lo que más me gustó es lo que no se ve, es decir las canciones.

Al leer la novela, recordé las novelas soft porno que hace algunos años se vendían en los puestos de revistas, lo que algún crítico llamo, “novelas para amas de casa calenturientas”. Sin demeritar el trabajo que se requiere. Ahí esta Corin Tellado y su historia como escritora.

Hay una película de temática homosexual que podría equipararse a 50 sombras. Se trata de la argentina “Un año sin amor”. El Leather es solo una pequeña parte y fue un gancho publicitario para la película, pero solo se tocó de manera muy superficial. A final de cuentas la película trata lo que promete. Se trata de un año sin amor.

Hay mucho más que se puede hablar acerca de 50 sombras, pero creo que con esto es suficiente.

                                                                                                                                                       Salf/01/04/15

jueves, 24 de julio de 2014

La palma de Buda

Para marrón, fiel y juguetón.

La palma de buda
Meñique.
La verdad no puedo dejar de sonreír.
Aun recuerdo ese primer correo electrónico que llego a mi cuenta. Me sorprendió un poco el contenido, pero bueno, después de esa despedida creo que quizá no había otra situación más lógica que simplemente decir que esto no era lo tuyo y adiós.
La primera sesión fue excelente. Pase por ti a un lugar cerca de la zona de Tacubaya, y fuimos a unos baños cercanos. Pagamos uno turco individual, y al entrar encontramos un par de cuartos amplios de azulejos color azul cielo. Cerré la puerta con un pequeño y oxidado pasador de bronce. Al voltear, estabas de pie mirándome expectante. Deseabas que sucediera algo y deseabas que yo lo hiciera suceder.
Te ordene desnudarte.
Tu cara enrojeció de vergüenza al quitarte poco a poco la ropa, mientras tu miembro gano una gran erección, hasta quedar como un pequeño obelisco de roca. Al colocarte el collar de perro de cuero color miel, con puntas metálicas a los lados, soltaste un pequeño suspiro, y un estremecimiento recorrió tu piel.
La pequeña aventura que en tu mente genero mucha excitación, en la realidad hacia que tu cuerpo vibrara de placer. Lamer mis pies fue algo que disfrute mucho, verte humillado y sometido por primera vez. Un perro reconociendo el sabor y olor de su nuevo dueño. Tu mente sumergió tus prejuicios y ataduras sociales hasta cubrirlos completamente, en un rio de perversión y placer. Similar a los bautizos en los tiempos de Cristo te sumergí y quedaste con una marca indeleble, que hasta el día de hoy, sigue estando presente en tu mente y corazón.
Al salir a la calle toda tu moral y prejuicios aspiraron una bocanada de aire puro y volvieron al ataque. Creyendo vanamente que bastaba un correo lleno de malas razones y autoengaño para borrar la experiencia, y el placer que llevabas en tu piel, impregnado como una segunda capa de sudor.
En tu correo, después del consabido discurso moral, simplemente me escribiste: adiós, gracias y nunca más.
Yo sonreí al leer todo aquello, y simplemente decidí esperar.


Anular
Mientras caminábamos hacia el metro, tus palabras lograron hacer brotar una gran sonrisa en mi rostro. Saber que tenías novia y planes para una vida de pareja fue algo emocionante. Era la cereza del pastel para terminar una excelente sesión. Estaba un poco intrigado del porqué, después de cada sesión, siempre terminabas diciéndome que sería la última. Siempre pensé que podía ser por qué, siendo poblano, podrías confirmar regularmente la creencia de que son de lo más mocho. Así que las crudas morales estarían a la orden del día. Pero sentía que había algo más.
Me costó un poco enfocarte en la sesión. La primera parte de la humillación y bondage apenas si logro atraer tu mente y tu excitación. Tuve que recurrir a algo más físico, para desbalancearte y sorprendente.
Decidí atarte a la cama boca abajo, sujetando con cintas de seguridad tus muñecas y tobillos, para no dejar marcas. Pasar mis dedos apenas rozando tu espalda, y sentir en las yemas de mis dedos, el suave contacto del vello fino de tus nalgas.
Pasar mi lengua tibia desde tu nuca hasta el nacimiento de tus nalgas, te erizo la piel, te puso en alerta, y estremeció tu cuerpo.
Comencé con palmadas leves y espaciadas. Subiendo poco a poco la fuerza. Después decidí acariciar un poco tus nalgas antes de cada golpe, variando la intensidad para llamar más aun tu atención. Fuerte algunas, leves otras.
Cuando tuve tu atención, curve mi mano para generar sonido en cada palmada, que la estimulación entrara por tu piel y por tus oídos, barriendo toda otra sensación y todo otro sonido, hasta quedar solo el placer y el dolor.
Tu respiración cambió y se agitó un poco. Hora de cambiar de ritmo e intensidad. Borrar con dolor y placer los jirones de tu preocupación, enfocarte en trabajar tus límites, rebasarlos. Empujarte para que te descubras capaz de disfrutar con el dolor en tu piel. Los suspiros se transformaron en jadeos al mantener el ritmo, y variar la intensidad de las nalgadas, y para ese momento, ya suplicabas entre jadeos.
Un poco de caricias, palabras al oído para cerrar el círculo alrededor de ti y tenerte a mi merced.
Y después la parte fuerte. Variar el ritmo e ir subiendo la intensidad. Ver tu cuerpo estremecerse, sentir tu piel vibrar y tu voz entrecortada que solo repetía- ¡Gracias señor!-
Fue placer puro sentir tu piel enrojecida y caliente, muy sensible, tanto como ver tu cara de felicidad al descubrir hasta donde habías logrado llegar.
Sin embargo cuando nos despedimos, fue evidente que ya lo tenías decidido. Querías ser completamente fiel y feliz con tu novia. Decidiste hacer a un lado la experiencia y terminar el camino. Me diste la mano, y me dijiste –Adiós, gracias,  y nunca más.-
Yo sonreí, y simplemente decidí esperar.


Medio.
Me invadió una gran sensación de bienestar al sentir tu cabeza apoyada en mi pecho. Una sonrisa afloro en mis labios al saber que tenías planeada la boda. Las cosas iban muy bien con tu novia y decidieron casarse pronto. Era como quien dice, tu despedida de soltero.
Como era una ocasión especial, decidí darte otra experiencia nueva. Saque todas las cuerdas de mi mochila.
Ordene en la cama los atados de cuerda por longitud y dureza. Cuerdas blancas de algodón, cuerdas blancas y combinadas con azul, y un par de rollos de cinta de cinturón de seguridad. Unos paliacates y unas tijeras de uso rudo completaron el equipo.
Comencé  atándote las manos a la espalda, dando varias vueltas en tus muñecas para ampliar la zona de presión y dar la impresión de ser unos brazaletes de cuerda. Te sorprendió la suavidad de la cuerda en contraste con la firmeza de la sujeción lograda. Te inmovilizaba las muñecas, pero no lastimaba. Era una sensación completamente sensual. Tome otra cuerda y sujete tus muñecas, la pase sobre tus hombros, como tirantes, y comencé a tejer diamantes de cuerda en tu pecho. Ajustaba la tensión por aquí, y algún nudo por allá. Rozaba tus tetillas de forma juguetona, colocando la cuerda por momentos, para que disfrutaras del roce por tu cuerpo.
Te recosté en la cama, y ate tus tobillos con vueltas suficientes para apretar sin dañar tu piel. Subí por tus pantorrillas anchas y fuertes, atando algunas vueltas por arriba y por debajo de tus rodillas. Ate tus muslos con dos vueltas amplias a la altura de la ingle, y aproveche para soltar los cabos y atarlos a los tobillos, Tirando de ellos para inmovilizarlos, mientras daba pequeñas mordidas en tus chamorros.
Tome una cuerda delgada y sujete los dedos gordos de tus pies, y los uní a las rodillas para tener las plantas de tus pies libres e indefensas.
La cereza del pastel fue una mordaza hecha con una cuerda bicolor, blanca y azul.
Y quedaste libre e indefenso. Fueron tres horas de juego con tu cuerpo atado, y disponible para mi. Fue delicioso.
Al final mientras descansábamos recostados te felicite una vez más por tu próximo matrimonio. Yo solo podía darte mis dos comentarios: Felicitarte y desearte un excelente matrimonio. Y recordarte que los anillos mágicos solo existen en los cuentos y novelas. Cuando tu esposa te pusiera el anillo en tu dedo, nada de tus filias y deseos cambiaría ni desaparecería. Te pedí que lo reflexionaras, porque no ibas a cambiar por dentro solo por cambiar tu estado civil.  Tu solo me dijiste –Adiós, muchas gracias por todo, y nunca más.
Yo solo esboce una pequeña sonrisa, y pensé que una vez más, solo debía esperar.


Índice
Como todas las veces anteriores, fue un gran gusto verte. Mi rostro se ilumino con una gran sonrisa cuando te ví. Subí a tu automóvil de color azul marino y nos dimos un fuerte apretón de mano.
Mientras conducías me diste la gran noticia del próximo nacimiento de tu primer hijo. Estabas emocionado y feliz, aunque con los nervios de ser padre primerizo. Todos los preparativos y visitas al médico te ponían muy nervioso.
Cuando llegamos a tu casa los nervios cambiaron de causa. Ser dominado, sometido y humillado en tu propia casa era algo que te excitaba y te causaba mucho morbo.
Al cerrar la puerta te tome del cuello y te coloque de espaldas a la pared. Sujete tus manos con las mías y las levante hasta dejarte casi parado sobre las puntas de tus pies. Pegue mi cuerpo al tuyo para inmovilizarte contra la pared. Me acerque a ti. Tus ojos automáticamente buscaron el piso, mientras acercaba mi boca a tu oreja, y te susurraba suavemente los detalles de la noche.
Serías mi perro y esclavo toda la noche y la mañana siguiente. Te desnudare y te colocare de rodillas para ponerte el collar de perro que tenía placa de perro, cerrado con un candado, cuyas únicas llaves yo conservaría en mi poder. Te dejare lamer todo mi cuerpo, de la cabeza a los pies mientras descansaba de mi viaje, recostado cómodamente en tu cama. Después me prepararas una bebida, para refrescarme mientras preparas y sirves mi cena. Pondré las sobras en tu plato de perro, que comerás después de lavar los trastes y dejar la cocina limpia.
Cenaras mientras tomo un buen baño, y estarás listo con una toalla para secar todo mi cuerpo, así que deberás cenar muy rápido.  Luego me seguirás hasta la cama y masajearas mis pies con tu boca mientras veo televisión. Al terminar mi película favorita, prepararas un café para revisar a gusto mis pendientes en la computadora portátil. Antes de dormir, te pondrás a cuatro patas y te daré una serie de nalgadas que servirán para relajar mis músculos, y descargar la tensión de mi espalda.
Después te daré permiso de colocar una manta en el piso a los pies de la cama para que duermas junto a mí. Dormirás en el piso, así estarás cerca si necesito algo durante la noche, desde ir al baño, hasta un vaso de agua. O simplemente para que mis pies no toquen el piso frio al levantarme por la mañana. Y al despertar… vendrá una pequeña sorpresa.
Al terminar de susurrarte los detalles, jadeabas y tu cuerpo se pegaba y se frotaba contra el mío,  sentía tu excitación en mi piel, casi podía oler la adrenalina emanada por los poros de tu cuerpo. Sentía tu respiración entre cortada en mi oreja. Desde luego que la sesión fue placentera de principio a fin.
Por la tarde, mientras esperaba la salida de mi autobús de regreso a la ciudad, solo me quedo decirte que serías un gran padre. Todos estos años de conocerte y descubrir cosas acerca de ti, de madurar y crecer como esclavo, de cuestionarte las cosas que te sucedían, habían hecho de ti una gran persona. Serías comprensivo y firme para guiar a tu hijo. Le darás amor y disciplina, la libertad suficiente para crecer y las reglas para que sea excelente persona.
Cuando anunciaron la salida del autobús, nos levantamos, me miraste un poco incrédulo y me diste un abrazo. Me dijiste que ahora que tenías la responsabilidad de un hijo y lo mejor era cerrar el círculo y dejarnos de ver. Nuevamente me dijiste -Gracias por todo, adiós, y nunca más.
Al salir de la terminal, mientras miraba tu rostro atrás del cristal, solo pude sonreír, y pensar en volver a esperar.


Pulgar
La cerveza bien fría es algo que siempre he disfrutado, y más cuando estoy en la compañía de un buen amigo. Recordar todas las cosas que hemos pasado juntos, y las cosas que han sucedido en todos estos años, es agradable porque han sido buenas. Como siempre y como todo hay sus altibajos, sus periodos malos y buenos, pero aquí seguimos.
Ahora, después de  todos estos años de conocernos, de pasar de alguna manera todos los eventos personales que nos han sucedido, se ha creado un lazo de unión muy fuerte.
A estas alturas no solo eres mi esclavo y perro fiel, eres también mi amigo. ¿Por qué nunca deje de recibir tus mensajes o de entrenarte como mi esclavo y perro? Si, sé que muchas veces me dijiste que hasta ahí llegaba todo. Pero hay una razón, déjame contarte una leyenda china.
Hace muchos años había un rey mono que era un verdadero dolor de cabeza para todos en el cielo y la tierra. Era un excelente guerrero, muy hábil y astuto para sus travesuras. Los Dioses intentaron disciplinarlo, pero siempre lograba salirse con la suya. Derrotaba a los ejércitos y a los generales, se burlaba de la autoridad. Corría aventuras simplemente por el pacer de sacar de quicio a los demás y aceptaba retos, solo para irritar a los dioses.
A tal grado llego a ser invencible e impertinente, que los dioses cansados y derrotados pidieron ayuda al mismísimo Buda. Buda llamo al rey mono y le aposto a que no podría escapar de su mano. El rey mono, que se sabía capaz de cubrir enormes distancias de un solo salto, acepto sin preocupación. Se dio vuelta y dio un gran brinco y aterrizo en un lugar desierto, en el que solo había cinco pilares. Tallo su nombre en uno de los pilares y dio un salto más para regresar a donde estaba Buda. Cuando aterrizo, le conto feliz de su logro y de la prueba que dejo tallada en aquel pilar. Buda sonrió solamente y le pidió que volteara. Atrás del rey mono estaban los dedos de Buda y en uno de ellos estaba la inscripción que había tallado. Cuando se dio cuenta que había perdido, el rey mono trato de escapar, pero Buda volteo su palma y lo atrapo bajo una enorme montaña, manteniéndolo así castigado durante mucho tiempo, hasta que el rey mono se ofreció a servir a un monje. Así, a través del servicio y obediencia, alcanzo la verdadera sabiduría y regreso al cielo.
Tú eres un poco como el rey mono, travieso, y aventurero, aunque muy inconstante.  Pero tienes un gran potencial y grandes capacidades para ser un excelente esclavo. Puedes tratar de escapar, de negar, o de olvidar, pero nunca lograras dejar este placer de lado. Ya lo has visto y comprobado a través de los años. Intentas saltar fuera de mi palma y de mi influencia, pero siempre terminas cayendo nuevamente en mí mano. Has grabado diferentes cosas en tu vida creyendo que son firmes pruebas de que me has sacado de tu pensamiento. Y al final henos aquí conversando de todas las cosas pasadas y de las que aún están por venir. Sigues dentro de mi palma y has comprendido que parte de lo que te da plenitud es servir.
Has integrado tu sumisión a tu vida y has dejado de pelearte con eso, eres más feliz ahora.
Yo solo he debido esperar cada vez que saltas, y estar ahí para recibirte y darte una pequeña lección para reflexionar. Estoy orgulloso de los que has madurado, y del hombre y esclavo en que te has convertido. Y seguiremos juntos compartiendo este camino.
¿Qué por qué te muestro mi palma izquierda?
Es porque en esta palma es donde has dado tus saltos, y es la que está más cerca de mi corazón.




Sal/0714/ver1.1

miércoles, 16 de julio de 2014

Mientras la bella duerme.

Para el caballero de Magnana, por sus servicios, ser, y vicios

“Cuando hablo con Ubertino me da la impresión de que el infierno es el paraíso visto desde otra parte”.
El nombre de la Rosa/ Umberto Eco.



                                              Mientras la bella duerme.

Era una tarde apacible de finales de otoño. El sol se ocultaba lentamente. Sus rayos moribundos apenas si tocaban los objetos, delineándolos suavemente. Aquella luz acariciaba la silueta del príncipe, mientras contemplaba el ocaso con mirada ausente. La torre en la que estaba, era la más alta del castillo. La vista era espléndida. Desde ahí se divisaba el bosque, los sembradíos y todo lo que estaba alrededor. El castillo se alzaba sobre una colina, con murallas altas formando un cuadrado, con torres triangulares en los vértices, guardando las relaciones divinas de la perfección mística, aplicadas a la disposición humana. Pues cuatro son las direcciones, cuatro los elementos y las etapas de la vida. Tres las personas de la trinidad y las criaturas intelectuales. Y con estas relaciones de perfección divina que dicta la Santa Madre Iglesia, se construyó este castillo. Construido por orden del padre del príncipe, que así esperaba alejar toda desgracia y fatalidad del hogar de su hijo. Y tres más cuatro dan siente, que es número cabalístico por excelencia. Por ello eran  siete las ventanas de aquella torre usada para dominar todo el territorio. Y cuatro por tres son doce, que es el número de los apóstoles, y por ellos, eran doce las ventanas del salón del trono y los caballeros defensores de los príncipes. Y doce por doce es igual al número de los elegidos que contemplarán la Gloria de Dios, gloria que  el Príncipe ahora dudaba en merecer.
Estaba de pie, en el centro de tantas relaciones místicas que no le ayudaban en nada con lo que sentía, y le hundían en la desesperación. Le recriminaban por lo que estaba planeando y por los deseos que se insinuaban en su alma. Ahí, lejos de todo y de todos, tratando de encontrar la seguridad que estaba muy lejos de sentir. Hoy se cumplía el plazo. El último que se había impuesto. Había postergado este día, una y otra vez, aduciendo mil escusas, argumentando razonamientos que no se sostenían por si solos. Pasaron meses antes de que estuviera seguro de lo que sentía, y pasaron todavía más antes de que llegara esta noche. Y a pesar de ello, estaba temblando por la incertidumbre, quizá por miedo… quizá de excitación. No había marcha atrás. No quería seguir dándole vueltas, no más noches en vela. Ya no.
Ya era suficiente.
La reunión estaba concertada.
Respiro profundamente y dejo que el aire fresco de la tarde inundara sus pulmones, dejándolo salir de su cuerpo mientras cerraba los ojos. Por un momento se quedó inmóvil, sintiendo el viento a su alrededor. En el cielo, el lucero vespertino se asomaba tímidamente, lo cual le indicaba que era hora de bajar a cenar.
El salón en donde comían los príncipes era muy amplio, la mesa de madera tallada era muy pesada, de forma rectangular, con lugar para doce comensales. Tenía pequeñas ventanas distribuidas en las paredes, y una de ellas daba a un cubo de luz. La pared que estaba detrás de la cabecera de la mesa, lugar destinado al príncipe, estaba adornada con un gran tapiz con los escudos de los príncipes. El príncipe ocupó su lugar. Unos momentos después entro la princesa Aurora.
Usaba un sencillo vestido de color azul pálido, con mangas largas y pequeños abultamientos en los hombros. El cabello lo llevaba suelto, apenas cubierto por un pequeño velo de tela blanca, sujetado por una cinta de seda azul a manera de diadema. Lo saludo con un tierno beso y se sentó a su lado. Aurora trató de romper el silencio mientras servían el cerdo asado con bayas silvestres, y las copas de vino. El príncipe comenzó a contarle acerca de cómo iban las cosas  con las cosechas, tratando de llenar el vacío que sentía. Aurora era hermosa, y el príncipe la contemplaba siempre que podía sin interrupciones. Era realmente bella, aunque sumamente ingenua.
Era comprensible, después de todo, había pasado casi dieciséis años sin más compañía que unas hadas que eran pura bondad. Sin contacto con el mundo real. A veces pasaba tragos difíciles cuando trataba de explicarle, cosas de la vida cotidiana. Y era aún peor al tratar de explicarle detalles sobre su relación marital. La primera noche después del casamiento fue difícil. Fue complicado explicarle todo y no sentirse un pervertidor.
Y ahora. ¿Cómo podía explicarle las sensaciones de su cuerpo, a alguien tan ingenuo?
Aurora por su parte era feliz. Aunque a veces se quedaba con una sensación de incomprensión, acerca del comportamiento de los demás, confiaba en lo que le explicaba su esposo. Sentía como si hubiera vivido en una burbuja todos estos años. Aun cuando había pasado más de un año, después de regresar a la vida normal de una princesa, no comprendía muchas cosas acerca de su estatus de princesa, sus deberes, sus derechos, y sus deberes maritales. Su  posición superior y su derecho de disponer de sus súbditos era algo que la incomodaba mucho. ¿Por qué todos debían servirla? ¿Acaso sus adorables hadas no le habían dicho que todos eran iguales y libres?  Confiaba en que después de un tiempo, terminaría acostumbrándose.
Lo que en este momento le preocupaba un poco, era su esposo, que últimamente se comportaba de un modo extraño. Pero ella creía que era algo pasajero. Lo amaba y se esforzaba en comportarse como debía. Sn preguntar y esperando en el poder del amor.
Después de cenar, el príncipe acompaño a Aurora a la alcoba y espero con ella hasta que el sueño la invadió. El príncipe salió de la alcoba y se dirigió hacia la torre del lado este. La torre Sharrode.
La torre era pequeña, no más alta que la muralla, hecha con fines de reclusión. Constaba de dos plantas y un sótano. La planta alta era la sala de procesos. Tenía siete ventanas dispuestas a lo largo de la pared circular. Había un gran escritorio y algunas sillas de madera. También un cepo para tener al acusado inmovilizado de pie y unos grilletes que salían de la pared, como serpientes que colgaban laxamente. También había una jaula circular de piso a techo, donde podían estar hasta tres acusados un poco apretados.
La planta baja estaba dividida en dos. Una parte era usada como cárcel para quienes esperaban procesos, y constaba de una jaula corrida que ocupaba poco menos de la mitad. El sótano también era redondo, y estaba acondicionado como sala de torturas. A lo largo de la pared estaban distribuidos grupos de grilletes, suficientes para mantener inmovilizados a la pared a ocho presos. En el extremo opuesto de la entrada estaban dos pequeñas celdas, excavadas en el piso, para mantener a dos presos de pie, sin que sus cabezas sobresalieran del nivel del piso, cerradas con tapas de madera con un único orificio, para crear una sensación de estar sepultados vivos. Junto a ellas estaba un pequeño horno, para los tormentos de fuego. En medio de la sala se hallaba un potro de mesa para torturar a la víctima y del techo caían algunas cadenas colocadas para poder encadenar al preso de diferentes formas y tener todo el cuerpo del preso a disposición completa del verdugo.  En un armario empotrado, se hallaban algunas cosas de metal, como grilletes unidos con cadenas para pies y manos, collares metálicos, fustas, látigos, azadones y metales para torturar con acero al rojo vivo.
El príncipe, encendió una antorcha y entro a la torre Sharrode, su mirada recorrió el espacio que va de la jaula a la puerta que conducía al sótano, sintió un poco de presión en su entrepierna, pero prefirió subir directamente al área de procesos y se sentó a esperar.
Al cabo de unos quince minutos se escuchó ruido en la planta baja. El vello de la nuca se le erizo. Se escucharon pasos en las escaleras y pronto emergió del suelo una figura. El hombre era de la misma estatura del príncipe, de complexión mediana, con barba de medio candado. Su piel estaba tostada por el sol. El cabello muy corto no ocultaba una cicatriz en la parte posterior de la cabeza. Los ojos de color café oscuro apenas se distinguían a la luz de la antorcha que llevaba en la mano. Era el capitán de la guardia real y mejor amigo del príncipe,  el caballero Feval de Sigmaringen.
El príncipe saludo nervioso.
Feval era de origen alemán, hijo del señor del castillo de Sigmaringen y una princesa sarracena. Conoció al príncipe cuando eran más jóvenes, y Feval viajaba por orden de su padre, para aprender el arte de la guerra y conocer el mundo. Cuando llego al castillo del padre del príncipe, todos se sorprendieron mucho por la habilidad de Feval con las armas, así que el Rey pido al padre de Feval que le permitiera quedarse con él. Al menos hasta que Feval decidiera que era tiempo de regresar a hacerse cargo del castillo de Sigmaringen. Así que Feval acepto quedarse como el capitán de la guardia del príncipe mientras entrenaba a alguien más para quedarse en su lugar.
Ahora Feval estaba sentado frente a su mejor amigo, intrigado por el llamado y las condiciones para el encuentro.
El príncipe comenzó a relatar una historia que ya sabía Feval.
Aurora era una princesa que después de nacer, recibió la maldición de un hada resentida, que la condeno a morir a los dieciséis años al pincharse el dedo con un huso. Sin embargo un hada bondadosa, cambió el resultado de la maldición. En lugar de morir, la princesa solo caería en un profundo sueño, hasta recibir un beso de amor.  Las hadas y sus padres tomaron la decisión de enviarla a vivir alejada del contacto humano, para evitar que la maldición se realizara, y no hubiera ningún huso alrededor. Desafortunadamente el hada resentida logro que ella se pinchara con el huso, y cayó en profundo sueño. El príncipe, fue a darle el beso salvador, pero fue capturado y encadenado en un calabozo de un terrible castillo, antes de poder pelear con el hada y acabar con ella. Acto seguido, el príncipe fue a la torre y rompió el hechizo con un beso de amor.
Feval ya sabía todo esto y arrugo el ceño dubitativamente, intuía que había algo más.
El príncipe, le miró fijamente, mientras respiraba profundamente, y le conto su captura, rapto y encadenamiento, por parte de las huestes del hada malvada. Esas horas entre el ocaso y el anochecer fueron muy intensas y con tanta emoción y peligro no notó algo que había anidado en su alma.
No lo notó tampoco después, ocupado por la boda y la habilitación del castillo, pero ahora, se sentía incómodo, culpable y confundido. El hada lo había tenido cautivo solo unas horas, encadenado, indefenso, de rodillas, humillado. Y ahora… extrañaba eso.
Las palabras salieron como un pequeño grito ahogado que solo esperaba un pequeño espacio en el alma y la boca del príncipe para salir.
El príncipe comenzó a sollozar, y con palabras entrecortadas le contó a Feval que le angustiaba descubrirse añorando los grilletes. Que varias veces había dejado a Aurora dormida mientras bajaba al sótano de la torre Sharrode a colocarse grilletes para estar preso una vez más. Tenía miedo y vergüenza. Sabía que era malo y perverso, que seguro era cosa del demonio meridiano, pero no podía olvidarlo y su deseo crecía cada día. Le suplico a su amigo que le ayudara y el llanto ahogo por completo sus palabras.
Feval le paso el brazo por la espalda para calmarlo.
Cuando el príncipe se calmó, Feval le dijo que pensaría como poder ayudarlo. Un par de minutos después, un gesto de resolución se dibujó en el rostro de Feval y le dijo al príncipe que el siguiente encuentro sería dentro de dos días, en la misma torre. Que por el momento no preguntara más.
El príncipe no esperaba esto, y a pesar de sus protestas, no obtuvo más respuesta. Feval se dio vuelta y se fue, y el príncipe se quedó unos minutos más mientras se serenaba. Luego se fue a dormir más inquieto que nunca.
Al siguiente día, el tiempo transcurrió muy lentamente, el príncipe no resistió la tentación de buscar a su amigo Feval, pero los guardias le comentaron que salió muy temprano al bosque. No dejo seña alguna de a donde se dirigía, y dejo a un guardia a cargo de sus obligaciones
 Así pasó lentamente el tiempo y llego el final del segundo día, y tal como había solicitado Feval, el príncipe se hallaba sentado en la planta alta de la torre Sharrode. Durante dos días no tuvo noticias de Feval y ahora no sabía si llegaría.
Escucho pasos en la planta baja.
Era Feval. Su figura se hacía más corpulenta por la capa de viaje que traía puesta. Detrás de él venia alguien más. Era una figura de estatura un poco más baja que Feval, también envuelto en una capa de viaje y la capucha sobre el rostro. A una señal de Feval la figura se sentó en el piso, al lado derecho de Feval. Por toda explicación, Feval le dijo que era un viejo amigo, y que seguramente sería de utilidad en esta situación.
El ánimo del príncipe, iba del miedo y el nervio, a la expectación y la intriga.
Feval comenzó a contarle una historia. Un suceso ocurrido hace algún tiempo, mientras transcurría una guerra contra un reino vecino, antes del rescate de la princesa Aurora.
En esa guerra Feval había luchado junto a otros valerosos guerreros de otras tierras con quienes compartía el campamento. Una noche que no podía dormir, decidió dar un paseo. Salió de su tienda y camino algunos minutos adentrándose y alejándose del campamento. De pronto escucho unos gemidos, y chasquidos que eran indudablemente producidos por un látigo. Camino lo más silenciosamente posible y llego a un lugar levemente iluminado por la luz de la luna. Ahí vio a un hombre completamente desnudo, atado en cruz entre dos árboles de gruesos troncos, mientras otro hombre le azotaba sin piedad con un látigo largo de una sola cola. Feval estaba sorprendido y no acertó hacer ningún movimiento. Algo en los gemidos del torturado le despertó sentimientos extraños. Después de un par de minutos más de azotes en piernas y nalgas, el verdugo desato al hombre desnudo y le ato las manos a la espalda, lo puso de rodillas frente a él. El verdugo tapo la vista de Feval, y ya no podía ver que sucedía. Así que tomo su espada y se hizo presente. Verdugo y victima quedaron inmóviles por la sorpresa. El verdugo le colocaba una cinta de cuero en el cuello, mientras el torturado de rodillas exhibía su miembro completamente duro apuntando al cielo.
Feval le ordeno al verdugo desatar al hombre desnudo. El captor aflojo las ataduras y la víctima se incorporó.
Entonces sucedió algo inaudito.
La victima tomo una espada de entre sus ropas y colocándose al lado de su captor, encaro a Feval con una perfecta posición de guardia y ataque. Al quedar completamente bajo la luz de la luna, Feval pudo apreciar el cuerpo desnudo y sudoroso de la víctima, con líneas dibujadas por los azotes en sus costados y piernas, y el miembro que aún seguía erecto, mientras sus testículos campaneaban entre sus piernas. Con voz profunda la víctima le pregunto a Feval si bajaría su espada y hablaban, o prefería un duelo. Feval reconoció al instante la voz de uno de sus aliados, famoso por su habilidad con la espada y sus estocadas mortales, así que opto por hablar.
La víctima se vistió mientras el captor guardaba su látigo y algunos objetos que Feval no reconoció. Durante el regreso, y mientras comían algo frente a la hoguera, Feval se enteró de las prácticas de humillación y dolor. Y así, mientras la luna descendía, la erección de Feval ascendía. Feval termino el relato hablando acerca de hombres que disfrutan aquellas prácticas y roles de Dominación y sumisión, de placer y dolor.
El príncipe estaba atónito por el relato de Feval.
Feval se levantó, y le pregunto si quería aclarar sus dudas y miedos esa misma noche.
El príncipe asintió como un autómata, confirmando tímidamente con la cabeza.
Feval le pregunto al príncipe acerca de sus fantasías y pensamientos. Al principio, el príncipe hablaba con un poco de vergüenza, pero conforme pasaba el tiempo, se sentía más en confianza y hablaba mas fluido, porque Feval le escuchaba sin reproches ni desapruebo. Fue liberador poder hablar de ello. Así, le contó de las veces que se imaginaba desnudo y atado, o cuando se imaginaba recibiendo azotes o insultos. Le conto las veces que bajaba al sótano de la torre Sharrode a mirar los instrumentos de tortura, sin atreverse a tocarlos. O de las veces, que, más audaz, se desnudó en el sótano y se colocó grilletes pegando su cuerpo a la pared, sintiendo el frio del acero y la piedra. O de las veces que estuvo desnudo de rodillas frente a un verdugo imaginario, suplicando completamente indefenso. Feval le miro atentamente por unos segundos cuando el príncipe termino de hablar. Feval le ordeno seguirlo.
Al levantarse palmeo su muslo derecho vigorosamente  y el encapuchado se levantó y bajo las escaleras tras de Feval. El príncipe los siguió.
Al llegar abajo Feval le ordeno desnudarse. El príncipe obedeció con un poco de pena, pero sintiendo su erección elevarse de inmediato, dejo al descubierto su cuerpo de piel clara, cubierto por una fina capa de vello castaño. El vello se hacía más notorio en el pecho y el abdomen, delineando su cuerpo. Un cuerpo delgado pero con músculos definidos. Feval lo tomo del cuello y lo llevo hasta la pared. Al toque, el príncipe se estremeció por el frio, mientras que Feval le colocaba grilletes en muñecas y tobillos, dejándolo indefenso y casi inmóvil. La erección del príncipe era total.
Feval ordeno al encapuchado quitarse la capa de viaje. De inmediato quedo al descubierto un hombre un poco más bajo que Feval, de cabello corto y barba de candado. La piel apiñonada le señalaba como italiano o griego. El torso era totalmente velludo, marcando sus pectorales. Llevaba puesta una piza de cuero ceñida a la cintura, a la usanza de los hombres de las tierras altas, atada con un cordel. La pieza le llegaba un poco debajo de la rodilla dejando ver unas pantorrillas velludas y rematadas en botas de cuero. Llevaba al cuello una cinta de cuero atada a la altura del esternón. Feval tomo la cinta de cuero atada al cuello y tiro de ella hacia abajo. El extraño se arrodillo de inmediato, colocando sus manos a la espalda y fijando la vista en el piso. Un chasquido de los dedos de Feval y el extraño bajo la cabeza hasta besar respetuosamente las botas de Feval. Otro chasquido más y el extraño desato el cordel de la faldilla y esta cayo dejándolo desnudo, entonces el príncipe vio que también los genitales del extraño estaban atados con una cinta de cuero.
Feval lo sujeto por la nuca he hizo presión para indicarle que se levantara. Cuando estuvo de pie, lo llevo hasta donde colgaban dos cadenas en medio de la habitación, y le ató pies y manos dejándolo en cruz. Saco una cinta y lo amordazo. Saco de la capa de viaje un atado de cintas de cuero y comenzó a azotarle.
Al principio lentamente y después aumentando la rapidez y la intensidad. Primero la espalda, y después lentamente bajando hasta las nalgas y las piernas. Los latigazos cambiaban su sonido mientras cambiaban su fuerza, dejando líneas enrojecidas a lo largo de la espalda del extraño. El príncipe observaba todo aquello en silencio y pasando de la sorpresa a la excitación. Miraba como el cuerpo de aquel extraño se estremecía con cada azote. Primero solo escuchaba el sonido de las tiras de cuero volar por el aire y caer sobre la piel desnuda, después se dejaron escuchar pequeños jadeos seguidos de gemidos, que cada vez se hacían más y más audibles. Feval dejo de azotarlo y tomo una antorcha la acerco a la espalda del torturado. El príncipe puedo ver claramente la espalda brillante por el sudor y las líneas delgadas y rojas dejadas por las cintas de cuero.
Feval dejó caer el látigo improvisado y camino hacia el príncipe, que cerró los ojos instintivamente. En lugar de algún golpe, el príncipe sintió la tibieza de la mano de Feval recorriendo su pecho, y detenerse en su miembro totalmente erecto. Sintió como apretaba un poco su miembro y sopesaba sus testículos. Sentía el caído aliento de Feval en su mejilla, y cuando esperaba algún otro movimiento, Feval lo soltó.
El príncipe tardó un poco en animarse a abrir los ojos, y cuando lo hizo, vio a Feval soltando al extraño. En cuanto estuvo libre de ataduras, el extraño se arrodillo nuevamente al lado de Feval, tomo sus manos y las beso respetuosamente, después, puso sus manos a la espalda y quedo inmóvil. Feval tomo la capa de viaje y la faldilla de cuero y se las echo al hombro. Se acercó al príncipe y libero primero sus pies y luego sus manos. Le miró fijamente por un momento y le dijo al príncipe que se vistiera y subiera a la planta alta. Le dio la espalda y camino hacia la escalera para subir, al pasar junto al extraño, chasqueo los dedos y el extraño se levantó y lo siguió en silencio.
El príncipe se quedó parado sin saber qué hacer. Todo le parecía tan irreal, que por un momento pensó que soñaba. Se vistió y subió lentamente las escaleras, esperando despertar en cualquier momento.
En la planta alta aguardaba Feval sentado y a sus pies estaba de rodillas el extraño, apoyando su cabeza en el muslo de Feval, mientras este le acariciaba la cabeza como a un perro fiel.
Feval habló. –Príncipe Brandin, esto que habéis visto, es solo una pequeña parte del mundo que deseáis explorar. Pero debéis estar seguro de lo que son tus deseos. Esto que habéis visto quedará en secreto, lo mismo que todo cuanto me habéis contado. Debéis saber que nada  de esto se hace sin nuestra aprobación y consentimiento mutuo. Y si decidís entrar, nada se llevara a cabo sin vuestro consentimiento. Pero debéis entender que una vez que os adentreis en estas prácticas, un mundo nuevo y alterno se abrirá ante vuestros ojos. Y necesitareis vuestra energía y conocimiento para descubrirlo y manejarlo. Para ello debéis abrir vuestra mente y vuestro corazón. Pero debo advertiros, que jamás volveréis a ser el mismo. Seréis mucho mejor.-
El príncipe Brandin guardo silencio tratando de comprender lo que había escuchado.
El extraño habló.
-Esto que veis, no es algo fortuito ni espontáneo. Para llegar a este punto, hubo mucho trabajo de vuestro amigo y mío. Yo decidí que deseaba ser un esclavo. Decidí entregar mi libertad y me rebaje a la condición de un ser sometido y humillado, porque era lo que mi corazón deseaba, y era grande el placer obtenido ahora. Vuestro amigo Feval es mi Amo y le he entregado mi cuerpo y mi mente. Sin importar lo dura que sea la tortura o la humillación, estoy seguro a su lado y protegido. Esta es una relación en la que él me da placer al causarme dolor y humillarme, y yo le correspondo mostrándole mi dolor y mi humillación para su disfrute. Es algo recíproco. El me conoce como el cazador a su perro. Y yo le conozco como el perro a su Amo. Sabe cómo enseñarme y disciplinarme. Sabe mis límites y me lleva por ellos. Me premia con placer cuando le sirvo bien. Siento cuando está satisfecho por mi sufrimiento y sumisión. Cuando me premia, me siento completo y pleno, sin importar cuando dolor y esfuerzo exigió de mí. Me lleno de felicidad al ver su gesto de bienestar, y sentir su mano acariciando mi cabeza. Esta cinta de cuero que veis en mi cuello es señal y símbolo de mi sumisión y entrega. Si deseáis estar aquí, no podéis estar a medias príncipe. Si decidís tomar este lugar, muchas cosas buenas pasareis y nunca el arrepentimiento tocara vuestro corazón.-
Feval continuo- príncipe, hermano, esto es diferente y por ello deberéis guardar secretos y practicar la discreción a mas no poder. Como amigos y hermanos te pido que penséis y reflexionéis acerca de todo cuanto habéis visto y sentido el día de hoy. Si deseáis continuar por este camino, entonces hablaremos, resolveremos todas tus dudas y te iniciaremos en nuestras prácticas. Si por el contrario, pensáis que este nuevo mundo no es para vos, entonces lo ocurrido y hablado esta noche, jamás habrá ocurrido-
Feval dio una palmada y el extraño se puso de pie.
Feval le paso un brazo por la espalda y le dijo al príncipe Brandin.-
-Por cierto mi querido amigo, quiero presentaros al Caballero de Magnana. Me tome la libertad de hacer arreglos para que se quede una pequeña temporada en vuestro castillo. Es un buen consejero y con gran experiencia en la promulgación de leyes y edictos, de forma que os puede ser de utilidad en esos infaustos asuntos. Por lo demás, estará completamente bajo mis órdenes. Descansa amigo, hoy ha sido una larga jornada.-
Dicho esto, Feval le dio un abrazo y le cubrió con su propia capa de viaje, dio la vuelta y bajo las escaleras, seguido del caballero de Magnana.
El príncipe tardo un poco en moverse, todo cuanto había ocurrido, le había dejado en un estado de ensoñación. Salió de la torre Sharrode y aspiro el suave aire frio. Miro la luna que parecía ser más grande y brillante de cuantas había visto antes, y entro al castillo. Se recostó con cuidado para no despertar a la princesa y pasó la noche sin dormir.
Al día siguiente, el príncipe se levantó muy temprano y comenzó a dar órdenes a sus súbditos. Desayuno con la princesa y le anuncio que estaría ausente un día, ya que debía atender unos asuntos. La princesa lo noto un poco inquieto. Le pregunto si algo le preocupaba. El príncipe respondió con evasivas. Las palabras y actos de Feval y del caballero de Magnana le habían perturbado demasiado. No quería ni podía mentirle a su amada esposa. La tomo en sus brazos, y la miro fijamente. En sus ojos claros podía ver si preocupación. Le prometió que cuando regresara todo lo que le inquietaba se habría resuelto. Le dio un pequeño beso en la frente.
Llegado el medio día, el príncipe, le coloco unas alforjas a su caballo y monto. Aurora le prometió que rezaría por él. El príncipe sonrió cariñosamente y enfilo hacia el bosque. Cabalgo toda la tarde y al anochecer llego a su destino.
A pesar del tiempo. Recordaba perfectamente el camino que llevaba hacia el castillo donde estuvo preso. Subió entre los escombros y llego a un gran patio, donde dejo el caballo. El castillo tenía la fama de estar maldito, y algunos hablaban de que el espíritu del hada malvada, aun lo habitaba. Por ello ni los bandidos se refugiaban en él. El príncipe sentía temblar su cuerpo mientras encendía una antorcha con un pedernal. Camino subiendo y bajando escaleras recorriendo el mismo camino que siguió cuando los sirvientes del hada lo llevaron al calabozo. Sus músculos se tensaron cuando toco la puerta de madera de la celda. Los goznes rechinaron al abrir la puerta. Ahí estaban los grilletes, la banca, todo seguía igual. Encendió una pequeña hoguera en medio de la celda y miro a través de la ventana enrejada. Se desnudó a pesar del frio de la noche, y se arrodillo en medio de la celda, coloco sus manos a la espalda y bajo la vista. Permaneció así por varios minutos, y cuando sintió frio se cubrió con su capa de viaje, y se acurruco en la banca, que crujió bajo su peso.
La princesa esperaba con ansiedad a su esposo, y fue mucho su esfuerzo para no salir corriendo a su encuentro al anochecer del siguiente día. El príncipe Brandin llego justo antes del anochecer. La princesa lo encontró ojeroso y cansado. El semblante le había cambiado, al igual que el brillo de sus ojos. El príncipe bajo de su caballo y le dio un largo beso. Antes de que ella le preguntara algo, el príncipe sonrió y le dijo que todo estaba solucionado. Entraron al castillo y el príncipe ceno abundantemente, con un apetito que la princesa no le había visto en varios meses.
El príncipe Brandin termino de cenar y envió a un mensajero en busca de Feval. Y se reunió con él y con Magnana en la torre Sharrode antes de dormir.
Esa noche el príncipe Brandin durmió tranquilo.
La princesa también durmió tranquila y en calma esa noche y muchas más. Siempre abrazada a su esposo, apoyada en su pecho, jugueteando con la cinta de cuero que el príncipe Brandin llevaba al cuello.



Sal/1100/ver5.9