martes, 15 de agosto de 2017

Cuatro tangos

Te conoci una noche,
Tú y yo solos en la calle.
Me miraste,
me dijiste,
ven conmigo,
te mire y te dije: sí.
Llegamos a tu casa,
me enseñaste tus cuerdas,
me mostraste tus cadenas,
Y me dijiste: Átame.
Te mire desnudo, te mire viril.
Mire tus ojos profundos.
Y entre las cuerdas, me enamore de ti.

Madreselvas en flor,
que trepando se van,
es su abrazo tenaz y dulzón como aquel, si todos los años,
si tus flores renacen,
así que no muera,
mi primer amor…

Te quito la ropa poco a poco,
Tu cuerpo moreno queda desnudo,
y la luz del sol de la tarde,
ilumina tus ojos sumisos,
y tu miembro se eleva
Mientras te amordazo
tus pezones se ponen duros
cuando abrazo tu cuerpo con cadenas,
 y en mi mano aparece un látigo de piel
que dibuja líneas diagonales,
al contacto con tu piel.
Tu cuerpo tiembla  de dolor,
de excitación.
Tiembla De placer.
De amor.

Ay de mí, ay señor, cuanta ternura y dolor
Cuando el sol se va ocultando,
 y tú sufres lentamente,
como un alma doliente,
en el atardecer

Te ate desnudo a la cama,
te ate con cariño y con severidad.
Tu espalda fuerte y morena,
tu espalda que lucía roja y brillante.
Las líneas de mi látigo en tu piel,
Brillan como pequeños caminos de sangre.
Roce cada uno con mis dedos,
Disfrutando el calor de tu excitación.
Y dejarte atado,
sudoroso y torturado,
eleva a la gloria mi placer.
Me pare sobre tu espalda
Y encendí lentamente un cigarro
Era como verte desde el cielo,
Y el humo eran las nubes
que dejaban ver tu sufrimiento,
Y mientras el humo se eleva,
se eleva tu dolor.

Sus espirales son sueños celestiales,
y forman nubes, que así a la gloria suben.
Y envuelta en ella tu chispa es una estrella,
que luce clara y bella,
con rápido fulgor.

Lentamente te quite las cadenas,
deshice nudos.
Rompí el abrazo de las cuerdas.
Libere tu cuerpo adolorido.
Acaricie tu piel maltratada.
Bese tus labios heridos.
Te tome entre mis brazos.
Te levante del piso,
y te lleve lentamente al sillón.
Te abrace fuerte,
y puse tu cabeza en mi pecho para protegerte.
Te mire a los ojos,
y vi tu ansia de entregarte.
Te abrace nuevamente.
Tu cuello aun tenía la cadena.
Te di un beso suave y tierno.
Te di de beber de mis labios,
y tus dedos se entrelazaron en los míos
Tu alma toco la mía.
Me convertí en tu Dueño
Tú en mi propiedad
Y no nos volvimos a separar.

Y todo a media luz es un brujo el amor,
a media luz los besos,
a media luz los dos.
Y todo a media luz,
crepúsculo interior,
que suave terciopelo,
 la media luz de amor…






Salf/052017/ver3.4

Fuego negro

                                                                              Para un cachorro de lobo del norte.


   La noche era cerrada. No había ni una luz en el cielo y el negro de la noche se unía con el negro de la tierra, haciendo un manto negro aterciopelado que cubrió al pequeño pueblo de San Vicente. En la ladera del pueblo se ven algunas luces que rompen la negrura. Una de ellas iluminaba a un hombre joven, de unos 25 años, de piel morena, de manos callosas y piernas fuertes. El joven se llama José Isabel. Mirando al cielo tiro la colilla de su cigarro al piso, y dio un sorbo al pocillo de peltre, lleno de café que sostenía en su otra mano. A lo lejos, se escuchó el aullar de un lobo. El sonido nítido inundó la noche como una brisa que llegaba a todos lados. La voz de un anciano sonó desde uno de los cuartos de adobe a espaldas del hombre. – José, entra a la casa. El nahual anda rondando el cerro- El joven se levantó y de un trago se terminó el resto del café. Camino hacia el cuarto pero se detuvo antes de entrar. Sintió la mirada de alguien en su nuca. Los vellos de sus brazos morenos se erizaron. Volteó, y solo alcanzo a ver la noche negra como ala de cuervo.
No puedo ver un par de ojos negros que a la distancia lo observaban.
El día era hermoso, el cielo despejado dejaba caer los rayos del sol sobre la espalda fuerte y morena de Raúl, mientras cepillaba el cuello de un caballo. Raúl era un gran amigo de José. Llego al pueblo apenas unas tres semanas antes, pero en esa semana se ganó la amistad de José. Era un joven grande, de cabello negro y barba crecida. Un joven noble y de ojos de mirada noble. Su piel apiñonada contrastaba con la crin del caballo, que brillaba a la luz del sol, con reflejos de color miel y canela. José  camino hacia  el caballo, y saludo a Raúl con una palmada en la espalda.
-Hola José, ya está listo el caballo pa que practiques pa la carrera-
-Que chingon te quedo Raúl, ensíllalo pa que de unas vueltas-
Raúl le coloco el sarape y la silla de montar al caballo. Y mientras preparaba el freno y las riendas para el caballo, miraba a José sentado en un tronco de árbol. Él se quitaba sus huaraches de piel negra y se colocaba sus botines de color miel. Las espuelas lanzaban tímidos destellos al colocárselas. José se quitó la camisa y se puso una camiseta de tirantes. Raúl no dejaba de ver su cuerpo moreno, sus brazos fuertes y su bigote negro. José se apoyó en el estribo izquierdo y subió al caballo. Tomo las riendas y animo al caballo a caminar un poco.
Raúl admiraba como montaba José. Erguido, la cabeza alta, la mano segura tomando las riendas, las piernas fuertes abrazando al caballo. Comenzó a fustigar al caballo con el fuete y dio algunas vueltas con el caballo. Raúl no podía dejar de verlo. Solo eso podía hacer. No podía decirle a José el profundo deseo que sentía por él. Hace muchos años que Raúl había aceptado que deseaba a otros hombres, y deseaba ese cuerpo masculino y viril. Deseaba sentir sus manos por su cuerpo, sentirlo su aliento en su boca, y besar cada parte de su cuerpo.
Pero eso jamás seria. José  estaba casado, y era padre de una hermosa niña. Jamás podría estar con él.
Raúl sintió un fuetazo ligero en su espalda y vio a José a su lado. –Oye Raúl, despierta, o te daré unos fuetazos. -  y le dio otro fuetazo cariñoso-
Raúl se volteo hacia José – No me vas a domar con esos golpecitos jajajajaja- Raúl sujeto las rindas del caballo y José desmonto rápidamente.
Por la noche José caminaba por la calle del pueblo rumbo a su casa. Algunas estrellas brillaban en el cielo y algunas luces en la puerta de dos o tres casas iluminaban algunos trechos de la calle. Abrió el portón de su casa y camino por el patio. Se detuvo para encender un cigarrillo, y mientras sacaba el cigarrillo del paquete, escucho unos pasos suaves. Miro a todos lados pero no vio a nadie. Un aullido de lobo se escuchó cerca al principio, y después se alejó poco a poco. La noche se tornó fría.
El día de la carrera, José llego a las afueras del pueblo, acompañado de Raúl y algunos más para competir. Mientras el dueño del caballo se fue para hacer la inscripción, Raúl ajustaba las correas de la silla de montar. Mientras ajustaba las bridas, miraba a José quitarse sus huaraches de piel negra y reluciente, y ponerse sus botines color miel. Raúl se acercó y se puso de rodillas para colocarle las espuelas a José. Sentir la piel tibia de los botines fue algo que despertó una increíble sensación en Raúl. Mientras estaba de rodillas Raúl levanto la mirada, y por un segundo, se perdió en el universo color miel oscuro de los ojos de José.
Raúl se hizo a un lado y vio cómo su amigo se levantaba y caminaba hacia el caballo. José levanto el pie izquierdo y se apoyó firmemente en uno de los estribos y se impulsó con las manos hasta sentarse sobre el caballo. Se acomodó en la silla. Raúl le miraba hipnotizado, cada movimiento, cada musculo de sus fuertes brazos, de sus piernas, la firmeza de sus manos mientras sujetaba y tensaba las riendas. El caballo respondió y comenzó a caminar a la línea de salida. Como en sueños, Raúl se acercó a la valla para ver la carrera. Desde su lugar todo lo que podía ver era a José espueleando al caballo, miraba como el fuete volaba alrededor del jinete, y como apretaba las piernas apresando al animal entre ellas. Si el caballo gano o perdió, eso no fue importante. Nada era más importante que aquel hombre sudoroso que regresaba montado en un caballo. Un hombre fuerte y poderoso que dominaba entre sus piernas a un animal más pesado, fuerte y rápido que él. Un hombre que lo tenía sometido a su voluntad con su fuete y sus espuelas. Raúl sintió la mirada del caballo, y entonces cruzaron miradas por lo que pareció una eternidad.
Por la noche Raúl y José se encontraban sentados bajo la luz amarillenta de un foco, cubiertos con sarapes, tomando café, mientras contemplaban la silueta negra del cerro frente a ellos. José contaba cómo había manejado su caballo en la carrera. Raúl solo podía ver los labios gruesos, el bigote, y los brazos requemados por el sol de José. Sus piernas fuertes que sujetaban caballos y sus pies fuertes y terrosos  en sus huaraches de piel negra, que se apoyaban fuerte en los estribos.
- En serio fue muy chingon correr ese caballo. Ojala yo tuviera uno. Lo entrenaría, y lo domaría para ser un campeón.- Decía José.
-Buenas noches- Dijo una voz rasposa detrás de ellos. - Buenas noches Don Chavelo- Respondió Raúl.
- Muchachos ya es hora de ir a dormir – Dijo Don Chavelo –
- Si papá – Dijo José.
- Bien muchachos, acaben su café y a dormir – Dijo Don Chavelo – Y por cierto Raúl, vete con cuidado a tu casa. En estas noches se escucha un lobo andar por el monte. Y ese no es un lobo, es un nahual que anda rondando el pueblo. –
-Pero papá- Protesto José – ¿Seguro que es un nahual? –
- Si hijo, un nahual es un hombre que se puede transformar en cualquier animal, porque anda buscando algo o a alguien. Los nahuales son como brujos, tiene magia, algunos no son malos, pero otros solo buscan lastimar. A las brujas las puedes ver por la noche, porque son esas bolas de luz que se ven moverse por los montes, buscando alguien a quien llevarse. Pero los nahuales son más difíciles de ver. Porque solo sabes que es un nahual cuando los ves convertirse en animal, o porque suenan como tristes. El lobo ha estado aullando como triste en estos días. Ese es un nahual. Por eso Raúl, vete con cuidado-
-Si Don Chavelo – Respondió Raúl
Recostado en su petate, José escucho a lo lejos el aullido de un lobo. Puso atención, y por un momento, creyó sentir  la tristeza en el aullido. Se sentía un poco de soledad y melancolía en el aullido. Sintió un poco de pena por el nahual.
Al día siguiente, Raúl estuvo muy callado. José  intento hablar con él, pero no logro sacarle mucho y decidió dejarlo tranquilo.
Por la noche no hubo ningún aullido.
Dos días después, Raúl estaba de mucho mejor humor. Bromeaba como siempre, trabajaba como siempre y era feliz, como siempre.
Ya en la noche, mientras José  tomaba café sentado bajo la luz de su casa. Escucho a lo lejos el trotar de un caballo, y luego un ligero relinchido muy cerca, casi como un susurro. Intrigado dejo su taza de peltre a un lado y salió de su casa. Aguzando el oído, camino lentamente por la ladera y la luz de la luna le mostraba el camino. Pronto vio movimiento y se detuvo. Ante él, estaba un caballo de color negro, de pelo  tan lustroso que brillaba a la luz de la luna llena. El caballo volteo y camino alrededor del joven, curioso, abría las aletas nasales oteando el aire, curioso, cauteloso.
José no se movió, reconocía los indicios de un caballo que no había sido domado. Se preguntaba de donde vendría este. Nadie del pueblo, ni de los alrededores había reportado un caballo perdido, y no había en los ranchos de alrededor ningún caballo negro como este. Y además, había ocasiones en que caballos se escapaban y vagaban solos por los campos durante días.
Se quedó quieto y se sentó lentamente. Quería que el caballo lo viera como algo que no representaba ningún peligro.
El caballo se acercó y olio a José. Se quedó cerca de él un rato y luego simplemente se alejó sin prisa.
José sabía que posiblemente mañana regresaría el caballo.
Al siguiente día, José le conto con mucho entusiasmo todo a Raúl. El caballo, la caminata y todo. Raúl se mostró muy interesado y le dio varios consejos a José para  que pusiera en práctica por si el caballo regresaba por la noche. José se sorprendió de todo lo que sabía Raúl sobre caballos.
En la noche, José se sentó a tomar café como todas las noches, bajo la luz del foco de su cuarto. Y nuevamente escucho los cascos ligeros rondando. Salió lentamente  y llego al lugar donde había visto al caballo. Saco un poco de comida y la puso en el piso frente a él. El caballo salió de las sombras y se acercó. Dio un rodeo y lentamente caminó hacia a José. Olio la comida. Tardo un poco pero como un poco. Rodeo a José y se fue.
Paso una semana antes de que el caballo se dejara tocar y acariciar. José sabía que domar a un caballo tarda en algún tiempo. No solo quería domarlo, quería ganarse su confianza y lealtad.
En el día platicaba con Raúl de todo lo que pasaba con el caballo y por la noche esperaba al caballo para familiarizarse con él.
Raúl le daba muy buenos consejos para domarlo. Jamás había estado tan entusiasmado con algo. Decidió por el momento no contarle a nadie sobre el caballo, ya que tuviera domado al caballo entonces le contaría a su papa para que le ayudara a hacer un establo pequeño.
A la semana siguiente José llevo su sarape y probó a colocárselo al caballo. El caballo dudo un poco pero se dejó. Olio el sarape y pareció muy contento de tenerlo. Corrió un poco en círculos y después regreso a comer junto a José.
A la siguiente noche, José le puso el sarape y probó a montarse. El caballo reparo un poco, pero José apretó las piernas fuertes alrededor del cuerpo del caballo y abrazo el cuello. Lo acariciaba suavemente y le hablaba en susurros, hasta que el caballo se tranquilizó. Estuvo unos minutos arriba de él y después se bajó. El caballo lo miro, acaricio su mejilla con la suya y se fue.
La noche siguiente volvió a montarlo con el sarape y el caballo acepto su peso por más tiempo. José lo apretaba entre sus piernas mientras abrazaba su cuello. El caballo parecía disfrutar cada vez más sentir a José montándolo. Sintiendo su peso en el lomo. Cuando José bajo del caballo, el caballo froto su nariz contra la cara de José.
Noches después, José llevo una silla de montar. El caballo reparo un poco, relincho y se inquietó un poco. José se acercó lentamente y acaricio la cabeza del caballo, y le dio un beso en la mejilla. Le acaricio como a un amante, Raúl amaba a ese caballo y puso en sus palabras todo el amor que sentía por él. El caballo suspiro y se calmó. Se quedó quieto mientras José le colocaba la silla y se montó. El caballo reparo un poco pero José apretó sus piernas  y sujeto las crines negras del caballo. El caballo comenzó a reparar, brincando y moviéndose de un lado al otro. José se mantenía sobre el caballo, apretando las piernas y jalando las crines hacia atrás. Cinco minutos que duraron horas.
El caballo se fue tranquilizando poco a poco hasta que dejo de pelear. José se quedó montado un par de minutos más y desmonto. Acaricio al caballo y le dio de comer. El caballo comió de la mano de José y pasó su lengua por la cara de José cariñosamente.
Los días pasaron y José iba teniendo ojeras por las noches que pasaba con el caballo. No solo José se  encariño con el caballo, sentía como el caballo se encariñaba con él. Se frotaba mientras lo montaba, le gustaba acariciar al caballo, y el caballo disfrutaba el abrazo y el toque de sus manos. Montarlo, tocarlo, ambos disfrutaban esos momentos solos.
Una tarde, José le preguntó a Raúl que cual sería un excelente nombre para el caballo. Para el que pronto sería un caballo domado por él.  Raúl le dijo que cuando él quisiera saber que nombre le pondría, llevara sus botines y sus espuelas. Esa noche el caballo seria suyo y sabría qué nombre ponerle.
José miró fijamente a Raúl. Estaba tan entusiasmado que apenas noto que Raúl se veía cansado. Estaba ojeroso, y su cabello negro se veía desordenado, sus brazos morenos tenían rasguños y arañazos. Le pregunto si estaba bien, y Raúl le respondió que nunca había estado mejor en su vida. José no hizo más preguntas.
Un par de noches después, José Estaba listo para darle el nombre a su caballo. Llevo sus botines y las espuelas como le aconsejo Raúl. Camino en la oscuridad a donde siempre se veía al caballo. Coloco la silla de montar, sus botines y sus espuelas en un tronco de árbol y espero. Escucho ruidos y se levantó ansioso. Pero en lugar del caballo vio a Raúl caminando hacia él.
José estaba sorprendido.
-Buenas noches José, ¿listo pa darle nombre a tu caballo?-
-Si- respondió José – ¿qué haces aquí? – preguntó.
- Te diré la verdad acerca del caballo – respondió Raúl, mirándolo fijamente a los ojos. José sostuvo la mirada y entonces comenzó a entender. Esos ojos negros y profundos lo envolvieron como una cálida brisa de verano.
- Ya lo sabes ¿verdad José?- Raúl se quitó la camisa, dejando ver un torso fuerte y moreno. Marcas y moretones recientes en su espalda revelaban que había cargado algo pesado por varios días. – Yo soy el nahual que rondaba el pueblo, yo soy el lobo que merodeaba por tu casa, observándote porque deseaba estar contigo. Después de la carrera supe que lo que más deseabas era un caballo. Y me convertí en ese caballo que has domado todas estas noches. Desde que te vi montar por primera vez, deseaba con toda mi alma ser ese animal que montabas, deseaba sentirte sobre de mí, apretándome y apresándome con tus piernas. Deseaba sentir el bocado en mi boca y tus manos firmes sosteniendo mis riendas obligándome a tomar el camino que tú ordenaras. Todas  estas noches me entregue a ti, deje que domaras mi voluntad y mi cuerpo. Las marcas en mi cuerpo son las marcas de tu silla y de tu peso sobre mí. Y ahora quiero tener las marcas de tu fuete y tus espuelas. Quiero ser de tu propiedad. Si aceptas me convertiré en tu caballo por todo un año. Prometo ser un animal fiel y leal. Daré todo por ti.
José no sabía que decir.
Raúl lo tomo de la mano y lo llevo al tronco, con movimientos firmes pero suaves lo sentó en el tronco. Se puso de rodillas y le quito los huaraches de piel negra. Beso sus pies descalzos. Luego le puso los botines color miel y le ajusto las espuelas. Después levanto la vista y vio lágrimas en los ojos de José.
Raúl se quitó los huaraches y el pantalón, y desnudo se colocó a cuatro patas frente a José. Beso los botines color miel. – Te lo suplico José – dijo Raúl – Déjame ser tuyo, déjame ser tu caballo –
Por toda respuesta, Raúl escucho como José se levantaba y caminaba. Cuando pensó que todo estaba perdido, sintió el peso de la silla de montar en su espalda. Su alegría no tuvo límites cuando las fuertes manos de José le colocaron  el bocado y las riendas en su boca.
José nunca supo exactamente que paso en ese momento. Cuando se sentó en la silla miraba la espalda morena de su mejor amigo, y cuando jalo las riendas, un hermoso caballo negro relinchaba de felicidad abrazado por sus piernas.
José abrazo a su caballo y le susurro suavemente. – Tenías razón, esta noche encontré el nombre para mi caballo-
José sujeto firmemente las riendas y clavo ligeramente las espuelas en los costados del hermoso caballo negro que relincho de felicidad-
-Arre Fuego Negro, Arre –
José dio un fuetazo, y con un rápido galope, jinete y caballo se perdieron en la noche bajo la luz de la luna.




Salf/072017/ver2.4




Demonio de fantasia



El atardecer llenó de tonos rojos y naranjas el bosque. Las hojas crujían ligeramente bajo el peso de aquel hombre silencioso que parecía flotar. Caminaba suavemente cubierto por una capa de viaje de color carmín oscuro, del mismo tono de la sangre seca. La capucha baja ocultaba completamente el rostro del mago que cruzaba aquel bosque.
Poco a poco los árboles que encontraba a su paso estaban más escasos de hojas por el otoño. Mientras la luz del sol moría tras las montañas, las sombras se apoderaban de aquel bosque, que poco a poco se convertía en un paisaje lleno de árboles desnudos y de troncos malformados. Las ramas a la mortecina luz de la luna se elevaban como manos suplicantes de almas agonizantes tratando de alcanzar un consuelo inexistente.
Algunas ramas se atoraban en la capa de viaje del mago, intentando detenerlo en su viaje. Sin embargo el mago de capa carmesí no se inmuto ante los dedos rugosos de los árboles que salían a su paso.
El mago se detuvo de pronto. Tomo un puñado de tierra que había cerca de sus pies, y murmuro un conjuro antiguo con voz ronca y susurrante. Soplo la tierra que sostenía en su palma, y de inmediato la tierra voló como impulsada por una brisa suave. Y mientras la tierra se elevaba por los aires, frente al mago, se materializo una torre de piedra, como si una niebla invisible se retirara y dejara expuesta la fría piedra a la mirada del mago.
El mago toco la puerta de madera con la palma de la mano y, la puerta se desmenuzo en miles de astillas que se reintegraron nuevamente en una puerta, cuando el mago hubo cruzado la entrada. El mago saco de capa de viaje una pequeña vara con un cristal de cuarzo transparente y pronuncio una palaba mágica, enseñada a los hombres por el Dios del fuego, y el cuarzo brillo con la intensidad de una estrella nocturna. El Mago subió por las escaleras de piedra hasta el nivel más alto de la torre y encontró a otra figura encapuchada en una capa negra.
-Te esperaba- Dijo la figura con una voz suave como brisa marina.
-La última prueba te espera. Has pasado con éxito la prueba de la sabiduría, y la prueba del poder. Pero para ser un verdadero mago, para ser aceptado en la Orden de la alta hechicería, debes aun pasar la última prueba. ¿Estás listo?-
El mago carmesí estuvo mudo por unos segundos. – Estoy listo-
-Entonces entra- respondió el mago negro, y abrió la puerta.
El mago carmesí entro en la habitación que estaba a oscuras. Solo por una abertura en el techo entraba un nítido rayo de luna, que iluminaba el piso justo en medio de la habitación.
El mago carmesí estaba desconcertado. No había nada. A comparación de las otras pruebas, esta habitación no tenía nada, estaba vacía. Giro para preguntar al mago negro cual era el inicio de la prueba. El Mago negro estaba de pie en la puerta, levanto su mano y el silencio se rompió por un conjuro suave, como el susurro que queda en el bosque después de una noche de tormenta. En su palma se formó una pequeña esfera brillante. Por primera vez el rostro demacrado el magro negro se pudo apreciar ante la luz suave de la pequeña esfera.
-Bien mago.- dijo con voz potente- esta es tu prueba final. Enfrenta el conjuro del Demonio de fantasía- y dicho esto soplo sobre la pequeña esfera de luz, que se convirtió en una mariposa brillante que se movió en la palma del mago y después alzo el vuelo. La mariposa volaba de forma pausada hacia el rayo de luna que caía en medio de la habitación. Cuando toco la luz de la luna, la mariposa exploto en un sinfín de mariposas brillantes que dejaban caer un polvillo como de diamante, que muy pronto se convirtió en una bruma brillante. El mago carmesí pronto se vio envuelto en aquella bruma.
De repente, la luz de la luna se convirtió en una luz brillante como el medio día, y alrededor del mago se dejaron ver arboles robustos y llenos de hojas verdes, el piso de piedra de pronto fue un manto de hierba y musgo suave, flores se abrían tachonando el piso de colores.
De pronto uno de los arboles más robustos emitió un ruido sordo y el tronco se abrió y de su interior salió un hombre.
El mago reconoció en seguida a un leñador que conoció un par de meses atrás, en un pueblo junto al lago de la Estrella. El leñador era un hombre grande y fuerte. Con el torso desnudo y unos pantalones y botas de cuero. La barba era grande y desordenada, lo mismo que el vello del pecho amplio, y de sus brazos poderosos
El hombre salió del tronco del árbol y camino hacia el mago. Con paso rápido se paró frente al mago, y antes de que pudiera hacer nada, lo tomo del cuello. El mago sentía la mano del leñador apretando su cuello. Apenas podía respirar. No podía liberarse porque ni siquiera podía articular una palabra, mucho menos un conjuro.
El leñador tiro al suelo al mago, y sin darle tiempo de nada comenzó a desgarra la capa y las vestiduras del mago. Sorprendido y aun sin poder respirar, vio cómo su capa era reducida a jirones, su pequeña vara con el cuarzo en la punta salió volando y se perdió entre la hierba. La angustia creció cuando el leñador rompió toda su ropa y sus artefactos mágicos se esparcían y se perdían entre la hierba. La arena de las dunas del sueño, el frasco con el agua de los pantanos de la miseria, las hojas de las hierbas que recolectaba en el campo volaban mezclándose con el aire. De repente, cuando pudo articular palabra, se vio tirado en la hierba desnudo. Aún tenía su poder, pero debía poder pronunciar palabras.
La base de la magia son las palabras. De nada sirve tener los objetos mágicos, de nada sirve conocer el conjuro ni tener el poder para desencadenarlo. En necesario pronunciar las palabras. Decir el conjuro es lo que libera la magia. Es lo que hace girar al mundo. Cuando somos niños las cosas adquieren sentido cuando las nombramos. Nuestra realidad se vuelve comprensible cuando la podemos describir con palabras. Los sentimientos se vuelven reales cuando alzamos la voz y los definimos. Tal es el poder de las palabras, que lo que no pronunciamos no existe. Tal es el poder de la voz que si no pronunciamos las palabras el poder no  se desencadena. Debemos pronunciar, de la forma adecuada y con las palabras adecuadas para que la magia surja.
Es cierto, faltaban sus objetos mágicos. Pero los objetos son solo objetos inanimados, que solo tiene la capacidad de hacer magia, porque el mago con su voz libera esa magia. Mientras pudiera hablar, el conservaba su magia, su poder.
El leñador tomo las tiras de tela que quedaban de la capa del mago y le ato las manos al árbol. El mago quedo apenas tocando la hierba del suelo con los dedos. Ahora el mago se hallaba completamente desnudo frente al leñador, y por su cabeza pasaban los conjuros a una velocidad sorprendente, intentando decidir cuál sería el más adecuado. Mientras recuperaba el aliento y su garganta se abría lo suficiente para poder hablar nuevamente.
El leñador comenzó a acariciar el cuerpo del mago. Recorriendo cada parte de su piel. El mago perdió la concentración al sentir el toque de esa mano áspera. Sus pezones se levantaron y su pene se llenó de sangre. A pesar de ser uno de los magos más poderoso fuera de la orden de la alta hechicería, también era un hombre. Y deseaba a ese leñador.
La primera vez que vio al leñador en el bosque frente al lago, quedo sorprendido por ese cuerpo viril y poderoso. El mago practicaba sus hechizos del elemento agua. Y dejo de practicar. Durante días no pudo sacarse de la cabeza la imagen de ese hombre. Su pecho sudoroso y velludo. Sus brazos fuertes, su barba negra y espesa.
El mago soñó un par de noches con él, deseo besar sus labios, sentir esa barba rasposa en su espalda. Sintiendo sus manos callosas recorriendo su piel suave. Lo deseo de tal forma y con tal fuerza que el mismo mago tuvo miedo. Él era un mago poderoso, no debía ceder ante esos impulsos y deseos.
Ahora tenía al leñador frente a él, tocándolo. Casi podía oler el aliento fuerte de ese hombre. El olor a tabaco y cerveza. Casi podía saborear ese sudor de gusto fuerte y ligeramente amargo. Pero no. Eso no podía ser. Estaba en una prueba, tenía que concentrarse.
Solo un hechizo, solo uno lo separaba de su libertad. Intento pronunciar un conjuro pero los labios del leñador ahogaron las palabras. El paraíso se abrió para el mago al sentir ese beso largo y profundo.
El leñador tomo otras tiras de tela y las trenzo en un látigo de una sola cola, y comenzó a azotar al mago. La tela se sentía suave, y el mago se sorprendió porque esperaba dolor, pero en su lugar sintió un sorprendente placer. Su concentración se fue volando.
El leñador se acercó y beso nuevamente al mago que sin saber cómo, de repente se vio atado entre dos árboles. El leñador se puso a sus espaldas y comenzó a azotar su espalda, y sus nalgas. El mago sentía un dolor placentero que iba aumentando con la intensidad de cada azote.
Su mente se debatía entre el placer y un conjuro. Las palabras se rompían en su boca y se esparcían en el aire como gemidos de placer. Pronto el dolor se hizo más agudo y pronto las palabras se rompieron en gritos. Algo pasaba en él. El dolor se convertía en placer y no podía pensar claramente. El conjuro no alcanzaba a formarse.
Su espalda se sintió caliente y la piel le dolía. Entonces el leñador dejo de azotar. Se acercó y paso su lengua tibia y húmeda por la espalda adolorida y enrojecida. El mago soltó un suspiro de placer y la sensación de dolor y de alivio borro nuevamente las palabras de su conjuro.
Antes de poder intentar nuevamente concentrarse, sintió como el leñador ataba sus testículos y ataba a la rama de un árbol el otro extremo. Sus testículos se estiraban hacia arriba produciéndole un dolor cosquilleante que nunca había sentido. Se sorprendió de ver que su verga estaba dura y a punto de explotar. Le invadió un sentimiento de vergüenza. Le daba pena que el leñador se diera cuenta de cuanto estaba disfrutando el dolor y la humillación. De repente recordó que estaba en una prueba, y era seguro que el mago que le dejo entrar a la torre estaría viendo. Se sintió miserable porque ahora ese mago estaría viendo sus deseos más profundos, sabría que deseaba hombres, y que disfrutaba siendo torturado y humillado. La vergüenza cubrió su mente y deseo no estar ahí.
Mientras tanto, el leñador tomo una flor azulada parecida a una copa, y de sus pétalos cayeron gotas de roció que al tocar el pecho del mago, se sintieron como gotas de cera.
La sensación de calor lo saco de sus pensamientos y no hubo tiempo de tener más pensamientos vergonzosos. Las gotas de roció se hacían más calientes y avanzaban hacia abajo. Tocaron sus tetillas, y luego el leñador fue bajando lentamente hacia el abdomen. El mago sentía el calor y el dolor bajando hacia su verga, y pronto la sensación de cada gota cayendo en la piel suave de su prepucio hizo que su mente explorara de placer. Sentía como su verga vibraba a cada gota. Sentía como el líquido caliente resbalaba desde la punta de su verga y caída en sus testículos estirados sin piedad.
El leñador dejo caer la flor y se colocó detrás del mago. Y tomo entre sus dedos las tetillas del mago.
Y la mente del mago voló al cielo.
Sentía la barba rasposa en su espalda, sentía el aliento tibio en su cuello, sentía el pantalón de cuero abultado por la verga del leñador. Sentís los dedos callosos apretando sus tetillas, sentís su verga palpitar por el líquido caliente, sentís sus testículos que vibraban por la tensión de la tela que los sujetaba a la rama.
Y en medio de tanto placer el lugar de un conjuro poderoso, lo que salió de su boca fue un grito potente.
-Hazme tuyo, penétrame, tortúrame, humíllame, hazme tu esclavo. Por favor-
Y entonces el mago eyaculo. Y le pareció una eternidad el tiempo que le tomo a su semen volar por el aire y caer entre la hierba.
Entonces, mientras duraban los espasmos del orgasmo, solo pudo decir con voz suave
-Este soy yo-
Cuando abrió los ojos, el mago carmesí estaba tendido en el piso, en medio de la habitación, y la luz de la luna iluminaba su pecho. Aturdido, se arrodillo sintiendo un poco de mareo, y sintió una mano que lo levantaba. A la luz de la luna pudo ver los ojos del mago negro brillando como dos granos de café. Su mirada era serena.
-Bien hecho-
El mago carmesí le miro sorprendido- Pero, ¿porque?, no he podido hacer ningún conjuro-
El mago negro le entrego un pergamino, y le dijo suavemente. – Este es el pergamino que da fe de tu prueba exitosa, ahora debes ir a la Torre obscura para recibir tu investidura como miembro de la orden. –
El mago carmesí miro el pergamino en su mano. No entendía lo sucedido. Miro a su alrededor, el mago negro ya se desvanecía, como si su cuerpo se disolviera en la negra pared,  y solo escucho su voz
- No hay conjuro más poderoso que aceptar y decir orgulloso lo que eres, No hay prueba más difícil que aceptar tus deseos más obscuros y aceptarte a ti mismo. Ese poder rompe cualquier barrera que tengas ante ti. El poder surge de ti, pero si no te aceptas, tu poder jamás dejara de ser mediocre. El Demonio de fantasía te enfrenta a esa parte que deseas ocultar. Al aceptarte, el poder del Demonio de fantasía se rompió, y ahora tu poder puede alcanzar el máximo nivel.
Por cierto…el leñador sigue junto al lago.
Dicho esto, la sombra del mago negro se desvaneció del todo.




Salf/310717/ver 2.4

Las lagrimas de Einstein



El cuerpo humano siempre me ha sorprendido. Se adapta, se transforma.  La mayor parte de las personas cree que su cuerpo es estático, que cambia muy lentamente. Luchan a diario por detener el tiempo, pero no entienden su cuerpo. La temperatura  sube y baja todo el día, la presión arterial se jamás esta quieta. La piel se renueva y el polvo de nuestras casas no es otra cosa que células muertas, que van cayendo todo el día. El cabello crece, las células de nuestro cuerpo nacen y mueren todos los días. El clima cambia, la comida cambia y el cuerpo se adapta. Y cuando torturas un cuerpo, también se adapta. Los nervios envían impulsos eléctricos que desencadenan cascadas de sustancias químicas que transforman el ambiente químico del cuerpo. La piel engrosa por los latigazos. La piel del escroto se hace más elástica al colocar peso en los testículos. Los mecanismos generadores de adrenalina se hacen más sensibles. Darwin debería haber conocido el BDSM. Lo habría disfrutado en más de un sentido.
Abrí la puerta y ahí esta mi perro. Enfundado en una camisa y un pantalón camuflado. Su cabeza baja y su mirada sumisa me complace siempre. Al cerrar la puerta, al tronar mis dedos, mi perro se arrodilla y besa mis pies con reverencia y adoración. Lo tomo del cuello, lo obligo a levantarse, y con la mirada en el piso lo llevo lentamente a subir unas escaleras. Sus pasos resuenan en el piso de loseta blanca.
Al llegar a la recámara le ordeno desnudarse y arrodillarse. Le dejo lamer mis pies como premio a su esfuerzo. Le dejo pasar su lengua por cada uno de mis dedos, le dejo sentir la piel de mi empeine. Le dejo quitarme las sandalias y lamer las plantas de mis pies. Es un placer para el, un premio antes de todo lo que esta por venir.
Le tomo del cabello y le levanto la cabeza a la altura justa para ponerle el collar de perro, hecho en cuero negro. Le coloco la cadena en la argolla que queda a la altura de la manzana de adán y lo dejo seguir jugueteando con mis pies. Mientras lame, le coloco pinzas en las tetillas. Son pinzas metálicas, unidas a una cadena. La presión y el peso de la cadena le causan dolor y placer. Cierra los ojos abandonándose a la sensación y su verga se erecta sin tocarla.
Tomo una cuerda negra, y sujeto sus testículos. Es hora de atarlos, de tenerlos cautivos. Doy vueltas en su escroto mientras sus testículos van encontrando cada vez menos espacio. La piel se estira causando dolor, y su piel se enrojece mientras sus bolas parecen estallar.
Paso mis dedos por su espalda, acariciando cada parte de su piel. Siento los cambios de temperatura, siento sus huesos bajo la piel. Recorro su columna vertebral, sintiendo cada protuberancia. Bajo hasta sus nalgas. Doy algunos golpes ahuecando mi mano para hacerlos más sonoros. Me gusta que sienta los golpes, mientras el sonido entra por sus oídos y llega a su cerebro. Piso la cadena con mi pie desnudo y voy jalándola poco a poco para forzarlo a ponerse en cuatro patas y tu cara lo mas cerca del piso. Y lo mantengo así, lamiendo mis pies mientras uso mi mano para enrojecer sus nalgas hasta el color que me gusta ver.

Las lágrimas son liquido segregado por las glándulas lagrimales principalmente. Su propósito es lubricar y limpiar el ojo, y también intervienen en la óptica. Entre sus funciones principales esta el distribuir el oxigeno en la superficie del ojo, ayuda a mejorar la visión, además de lubricar el ojo. También tienen propiedades que ayudan a eliminar bacterias, eliminan residuos solidos que puedan caer al ojo. Y además absorben parte de los rayos ultravioleta de la luz solar
Hay tres tipos de lágrimas. La primera es la lágrima basal, la cual es liquido que se produce regularmente y lubrica  el ojo.
La segunda es la lágrima refleja. Estas lágrimas se producen cuando entra en contacto con el ojo alguna sustancia irritante, para tratar de lavar el ojo y evitar el daño. También se producen al bostezar, al vomitar, o al contacto de sustancias picosas con la lengua o boca.
La tercera categoría son las lágrimas emocionales. Estas están provocadas por la felicidad, la ira, el miedo y otras emociones. Tienen una química diferente debido a que están provocadas por otro tipo de estímulos nerviosos. También se producen por el dolor físico.
Lleve a mi esclavo a la cama guiándolo con la cadena. Lo  subí y lo deje a cuatro patas mientras preparaba cuerdas y paliacates para inmovilizarlo.  Ate un paliacate a su muñeca. Me gusta usarlos debido a que funcionan como muñequeras, distribuyen la presión y pueden atarse de diferentes formas. Después de atarle las cuatro extremidades, lo tome del cuello y baje su cabeza hasta que todo su cuerpo quedo apoyado en el colchón. Extendí cuerdas y comencé a atara las cuerdas a los paliacates para estirarlo completamente.
Tome una vara y comencé a dar pequeños golpes por todo su cuerpo
Primero la espalda, bajando por los laterales hasta llegar a las nalgas. Acaricie con la punta de mi vara su cuerpo mientras la respiración de mi esclavo comenzaba a acelerarse.  Los golpes comenzaron a aumentar su intensidad.
Ajuste las pinzas de las tetillas para aumentar también la presión lograda.
Regrese a la vara. El mango recubierto de plástico negro se siente tibio al tacto. La larga vara se balancea entre mis dedos mientras cae una y otra vez sobre su espalda. Golpes en vertical. Golpes en horizontal. Golpes en diagonal. La lluvia de golpes cae mientras el eco de La gran pascua rusa de Korsakov suena en el aire y llena el cuarto. Llena mis oídos, lleva el compás y marca el tiempo de cada impacto.
A cada momento se agrega una nuevo golpe, una nueva marca. Después de un tiempo que se antoja eterno, tu espalda se vuelve roja  y un tapete  de líneas rectas ha formado un intrincado dibujo de triángulos y cuadrados mezclados entre si.
La respiración se agita y puedo ver como tu cuerpo se estremece en cada golpe.
Es tiempo de la cera…
Enciendo las velas y la luz se comienza a esparcir por la habitación. Al principio tímida, y después potente. Las pequeñas llamas bailan y dotan de vida todos los objetos alrededor. Tu cuerpo parece cobrar vida temblar al compás de las sombras en la pared.
La luz esa energía encerrada en una materia que no es ni solida ni liquida ni gaseosa.  Y mientras acaricio tu piel caliente, pienso en la ecuación de Einstein. La energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. La materia se puede convertir en energía y la energía esta guardada en la materia. La energía puede concentrarse y estallar. Impregnar todo alrededor. Llenar de luz y color el aire.


Dejo caer la cera en la espalda de mi esclavo. Cada gota cae y se lleva una parte de la energía del fuego en ella. Mientras cae, parte de la luz que esta encerrada en cada gota se transmite y penetra la piel de mi esclavo, que lentamente va acumulando en su piel, en cada parte de su cuerpo la energía del fuego y la luz. Su espalda deja poco a poco su color rojo y queda sepultada por una masa suave de color blanco.
Esa piel que absorbió la energía de cada golpe de mi vara. Cada impacto transmitió una pequeña cantidad de energía a su piel. Cada golpe como gotas cayendo en un estanque, formando ondas de energía que de difuminaban por toda su piel. Esa energía contenida en el cuerpo de mi esclavo esperando liberarse.
Suelto las cuerdas y sujeto la cadena de mi esclavo y lo levanto de la cama. Lo llevo a una columna y le ato las manos a lo alto de la columna. Ato su cintura y sus pies para tenerlo inmovilizado. Un hermoso San Sebastian abrazado a la columna esperando el suplicio que lo llevara al cielo en medio de su rapto místico.
Tomo un látigo de cuero. La piel del mango se siente suave al tacto. Las colas caen naturalmente. El peso que se balancea es agradable. Cada cola es un objeto lleno de energía lista para liberarse y transmitirse.
La gran Pascua Rusa sigue sonando al fondo.
Comienzo a dar latigazos suaves, los necesarios para que la adrenalina corra nuevamente por sus venas y un gemido mezclado con un suspiro se escapa de su boca.
Sabe que es lo que viene.
A cada momento los golpes ganan en ritmo y fuerza. Mientras caen los golpes, caen también pequeños trozos de cera. Vuelan en el aire como pequeños fragmentos de mármol arrancados por un cincel. Al pasar el tiempo, la cerca se va y queda la piel sensible. La sesión de vara y de cera la ha dejado predipuesta a sentir  más el castigo infligido por el latigo.
La velocidad aumenta y también la fuerza. Cada cola del látigo transmite más y mas energía a su cuerpo. Sus ojos enrojecen, su respiración se agita. Su piel se estremece más y más. La gran pascua rusa se acerca al final. Golpe tras golpe, la boca se tensa, la saliva resbala mientras trata de aguantar el dolor sin gritar.
El látigo caer y la piel enrojece. Cada cola deja la marca de su paso y de la energía trasmitida. Es hermoso ver como las colas dejan caminos en la piel. Formas caprichosas aparecen en la piel, y una imagen de Rorschar aparece en la espalda de mi esclavo a cada latigazo.
Los músculos se tensan y el cuerpo de mi esclavo comienza a tener pequeños espasmos a cada golpe. El dolor se hace más intenso. Aumenta de la misma forma que aumenta la energía contenida dentro de mi esclavo.
Y entonces llega. El dolor rompe la resistencia de mi esclavo. El grito sale de su garganta puro y sonoro. El cuerpo se suelta y simplemente se abandona al dolor. Y las lágrimas fluyen.
Esas lágrimas puras y cristalinas que brotan de sus ojos y corren raudas por sus mejillas.  Lágrimas que caen en un pequeño tubo de cristal.
Si Eintein viviera posiblemente podría ver en ese liquido transparente y con un ligero tono dorado, una gran cantidad de energía transformada en materia. Materia pura y brillante. Lágrimas puras y brillantes.
 Materia de enorme valor por ser transformada dentro de un cuerpo. Cada golpe esta ahí presente. Cada gota de cera. Cada huella del látigo tiene ahí su representación. Energía radiante atrapada en un pequeño cristal.
Le muestro el pequeño frasco a mi esclavo. Y le susurro que todo a valido la pena una vez más. Le beso, le acaricio agradecido por el regalo. Le suelto de sus ataduras y le dejo abrazarme las piernas.
Mientras el descansa a mis pies, pienso en esa energía brillante y pura que me pertenece y que pronto bajara por mi garganta para nutrir mi cuerpo.
 Al contemplarla me siento como un alquimista medieval. Y mientras me pregunto que pensaría Einstein de mi teoría, lo imagino frente a mi. Y solo puedo decir.
¡salud!




viernes, 3 de abril de 2015

50 sobrevaloradas sombras de Grey


El muro de los lamentos / 50 sobrevaloradas sombras de Grey

Has unos días por fin supere mis prejuicios y fui a ver 50 sombras de Grey al cine. La función termino y yo salí con una certeza: me gusto la banda sonora. Las canciones fueron excelentemente bien escogidas. Y como no, si quien estuvo a cargo de la música fue Danny Elfman, uno de mis músicos preferidos en cuanto a cine se refiere.
La película ha causado más revuelo que lo que hizo la novela en México, donde al menos en mi experiencia, no paso a las grandes ligas. Recuerdo haber visto en una tienda de autoservicio la trilogía de novelas el año pasado en oferta a 250 pesos.

Como suele suceder con las novelas pasadas a film, los resultados son disparejos. Asi que vamos por pasos.

La novela escrita por E. L James en si, no es para el premio Nobel de literatura. Es una novela fácilmente olvidable de estilo rápido de leer. No hay casi nada para reflexionar ni ideas profundas, todo es superficial. Escrita básicamente como un diario de adolescente estadounidense, todo se va en sus reflexiones y su modo de ver las cosas. Siempre con un tono de quinceañera, por momentos un tanto boba, la novela relata una especie de historia tipo Cenicienta porno con un toque BDSM. Mucho se ha dicho acerca de que es una novela BDSM, pero al leerla, el contenido BDSM es muy poco y de mala calidad. Es mucho más la historia de amor tormentosa entre una quinceañera romántica ( a pesar de la edad escribe como adolescente, estudia letras inglesas leyendo a jane Austen, y las hermanas Brônte, además de tener una especie de Pepe grillo que no sirve de mucho, insegura y virgen), y un millonario aparentemente  perfecto (es inseguro, con un discurso de "no te convengo pero no te dejo", y solo busca pretextos para no tener contacto emocional con nadie).

La novela posiblemente encuentre su mayor atractivo en lo explícito de los encuentros sexuales de los protagonistas, que básicamente son pornográficos y muy largos. La escritora explota las fantasías femeninas de como sería hacer el amor con un hombre perfecto, que conoce el cuerpo femenino al detalle. No en vano la virginidad de la protagonista, lo cual deriva en el pretexto perfecto para una relación sexual (hacer el amor) de muchas, muchas letras. 
Mientras que la primera parte de la novela se va en un juego de “ me quiere, no me quiere”, la segunda parte es coger y conflicto existencia, coger y conficto existencial, coger y conficto existencial. El BDSM se reduce a un mero pretexto para el conflicto existencial en un eterno “me gusta, pero es perverso, pero me gusta, pero solo me quiere castigar, pero me gusta, pero no es bueno para mi, pero me gusta” En cuanto al contenido BDSM es minimo. Un cuarto lleno de parafernalia que casi no usa, un contrato que no es funcional y que nunca se firma, y referencias que son anodinas y superficiales. Por último, el supuesto Amo Grey, se plantea más como un hombre solo e inseguro que solo usa el BDSM como barrera de protección, que no ha aprendido casi nada en sus años de practicante con 15 sumisas en su haber, porque solo ve en el BDSM el medio de apartarse de la gente, y controlar que nadie lo dañe. No hay ningún crecimiento ni plenitud en él, solo un comentario monótono de que gracias a ser el sumiso de una amiga el sobrevivió y logro ser el que es.

La película por su parte es harina de otro costal. La directora es una mujer inglesa que al parecer tiene en esta película su opera prima (primer largometraje). Antes de ello, Sam Taylor-Wood se dedicó a la fotografía y realizo algunos trabajos en video. Lo cual es evidente en los muchos planos individuales y acercamientos a la cara de los personajes intentando plasmar los gestos y dudas en los rostros, aunque a veces no había mucho que plasmar. Fallas e incoherencias en el guion y la inexperiencia de la directora dieron como resultado que la película desaprovechara muchos recursos y situaciones que habría hecho mucho más interesante la película.  A diferencia de la novela, la película centro su historia en el choque de dos mundos opuestos diametralmente, y lo que sucede del encuentro. Nuevamente la historia tipo Rosa Salvaje se presenta aquí. La chica clasemediera sin mucha autoestima y de autoimagen baja, se enamora del millonario superguapo, (bueno en realidad medio guapo), super sofisticado(¿?) y que encuentra en ella, lo que nunca ha encontrado en otra mujer.
La ya trillada historia del hombre rico que encuentra en la pobre e ingenua a la mujer de sus sueños
Y he aquí el choque de mundos, una mujer y un hombre, una clasemediera y un millonario, una fea y el superguapo, el hacer el amor y el sexo sin compromiso emocional. ¿Y el BDSM?. Nuevamente es un mero accesorio. Es un pretexto para desencadenar el choque de mundos y desencadenar algunas situaciones, pero nunca es el protagonista ni es tomado en serio. Es solo el componente morboso para que la historia de amor se desarrolle. Y desafortunadamente, solo como componente morboso, pues como a la escritora, a la directora no le interesa dar una idea real del BDSM, solo lo que pueda ser pasto para comentarios, tratando de respetar la novela.

Desafortunadamente la inexperiencia de la directora hace que los momentos más eróticos no sean tan eróticos, y no hay imágenes que resalten de la película. No hay imágenes que se conviertan en icónicas, o secuencias que perduren. Momentos que deberían ser mágicos (el vuelo en planeador), icónicos (la primera vez como sumisa de Anastasia), inolvidables (la desvirgacion de Anastasia) o terribles (los cinturonazos), no pasan de ser secuencias que en cualquier serie de televisión americana, se pueden ver, sin senos, claro está.
Desde mi personal punto de vista, después de leer la novela y ver la película de 50 sombras de Grey, puedo decirles que les recomiendo ampliamente el relato corto y la película del mismo nombre: Secretaria. El relato es más corto, y mejor escrito. La película es más interesante y divertida, y sobretodo nos cuenta una historia en una película, cuando 50 sombras lo hará en tres. Y si seguimos la moda de dividir la última novela de una trilogía en dos, serán cuatro películas.

Lo mismo que ha sucedido en otras ocasiones, la película ha sido blanco de criticas y ataques por quienes consideran que va en contra de la dignidad femenina. La verdad no hay manera de saber cuales son opiniones autenticas, en cuyo caso son lecturas superficiales. O cuales son ataques orquestados a manera de publicidad. En lo personal, creo que fuera de algunos golpes consensuados, no hay mucho rastro de violencia domestica o cosas similares. Es más, hay mucho mas de romance rosa que de violencia.

Por último, solo cinco comentarios:
De 50 sombras la novela si aprendí algo: IHOP son las iniciales de International House Of Pancakes. Tengo una sucursal cerca del trabajo y nunca tuve curiosidad de saber más del nombre.

De 50 sombras la película lo que más me gustó es lo que no se ve, es decir las canciones.

Al leer la novela, recordé las novelas soft porno que hace algunos años se vendían en los puestos de revistas, lo que algún crítico llamo, “novelas para amas de casa calenturientas”. Sin demeritar el trabajo que se requiere. Ahí esta Corin Tellado y su historia como escritora.

Hay una película de temática homosexual que podría equipararse a 50 sombras. Se trata de la argentina “Un año sin amor”. El Leather es solo una pequeña parte y fue un gancho publicitario para la película, pero solo se tocó de manera muy superficial. A final de cuentas la película trata lo que promete. Se trata de un año sin amor.

Hay mucho más que se puede hablar acerca de 50 sombras, pero creo que con esto es suficiente.

                                                                                                                                                       Salf/01/04/15

jueves, 24 de julio de 2014

La palma de Buda

Para marrón, fiel y juguetón.

La palma de buda
Meñique.
La verdad no puedo dejar de sonreír.
Aun recuerdo ese primer correo electrónico que llego a mi cuenta. Me sorprendió un poco el contenido, pero bueno, después de esa despedida creo que quizá no había otra situación más lógica que simplemente decir que esto no era lo tuyo y adiós.
La primera sesión fue excelente. Pase por ti a un lugar cerca de la zona de Tacubaya, y fuimos a unos baños cercanos. Pagamos uno turco individual, y al entrar encontramos un par de cuartos amplios de azulejos color azul cielo. Cerré la puerta con un pequeño y oxidado pasador de bronce. Al voltear, estabas de pie mirándome expectante. Deseabas que sucediera algo y deseabas que yo lo hiciera suceder.
Te ordene desnudarte.
Tu cara enrojeció de vergüenza al quitarte poco a poco la ropa, mientras tu miembro gano una gran erección, hasta quedar como un pequeño obelisco de roca. Al colocarte el collar de perro de cuero color miel, con puntas metálicas a los lados, soltaste un pequeño suspiro, y un estremecimiento recorrió tu piel.
La pequeña aventura que en tu mente genero mucha excitación, en la realidad hacia que tu cuerpo vibrara de placer. Lamer mis pies fue algo que disfrute mucho, verte humillado y sometido por primera vez. Un perro reconociendo el sabor y olor de su nuevo dueño. Tu mente sumergió tus prejuicios y ataduras sociales hasta cubrirlos completamente, en un rio de perversión y placer. Similar a los bautizos en los tiempos de Cristo te sumergí y quedaste con una marca indeleble, que hasta el día de hoy, sigue estando presente en tu mente y corazón.
Al salir a la calle toda tu moral y prejuicios aspiraron una bocanada de aire puro y volvieron al ataque. Creyendo vanamente que bastaba un correo lleno de malas razones y autoengaño para borrar la experiencia, y el placer que llevabas en tu piel, impregnado como una segunda capa de sudor.
En tu correo, después del consabido discurso moral, simplemente me escribiste: adiós, gracias y nunca más.
Yo sonreí al leer todo aquello, y simplemente decidí esperar.


Anular
Mientras caminábamos hacia el metro, tus palabras lograron hacer brotar una gran sonrisa en mi rostro. Saber que tenías novia y planes para una vida de pareja fue algo emocionante. Era la cereza del pastel para terminar una excelente sesión. Estaba un poco intrigado del porqué, después de cada sesión, siempre terminabas diciéndome que sería la última. Siempre pensé que podía ser por qué, siendo poblano, podrías confirmar regularmente la creencia de que son de lo más mocho. Así que las crudas morales estarían a la orden del día. Pero sentía que había algo más.
Me costó un poco enfocarte en la sesión. La primera parte de la humillación y bondage apenas si logro atraer tu mente y tu excitación. Tuve que recurrir a algo más físico, para desbalancearte y sorprendente.
Decidí atarte a la cama boca abajo, sujetando con cintas de seguridad tus muñecas y tobillos, para no dejar marcas. Pasar mis dedos apenas rozando tu espalda, y sentir en las yemas de mis dedos, el suave contacto del vello fino de tus nalgas.
Pasar mi lengua tibia desde tu nuca hasta el nacimiento de tus nalgas, te erizo la piel, te puso en alerta, y estremeció tu cuerpo.
Comencé con palmadas leves y espaciadas. Subiendo poco a poco la fuerza. Después decidí acariciar un poco tus nalgas antes de cada golpe, variando la intensidad para llamar más aun tu atención. Fuerte algunas, leves otras.
Cuando tuve tu atención, curve mi mano para generar sonido en cada palmada, que la estimulación entrara por tu piel y por tus oídos, barriendo toda otra sensación y todo otro sonido, hasta quedar solo el placer y el dolor.
Tu respiración cambió y se agitó un poco. Hora de cambiar de ritmo e intensidad. Borrar con dolor y placer los jirones de tu preocupación, enfocarte en trabajar tus límites, rebasarlos. Empujarte para que te descubras capaz de disfrutar con el dolor en tu piel. Los suspiros se transformaron en jadeos al mantener el ritmo, y variar la intensidad de las nalgadas, y para ese momento, ya suplicabas entre jadeos.
Un poco de caricias, palabras al oído para cerrar el círculo alrededor de ti y tenerte a mi merced.
Y después la parte fuerte. Variar el ritmo e ir subiendo la intensidad. Ver tu cuerpo estremecerse, sentir tu piel vibrar y tu voz entrecortada que solo repetía- ¡Gracias señor!-
Fue placer puro sentir tu piel enrojecida y caliente, muy sensible, tanto como ver tu cara de felicidad al descubrir hasta donde habías logrado llegar.
Sin embargo cuando nos despedimos, fue evidente que ya lo tenías decidido. Querías ser completamente fiel y feliz con tu novia. Decidiste hacer a un lado la experiencia y terminar el camino. Me diste la mano, y me dijiste –Adiós, gracias,  y nunca más.-
Yo sonreí, y simplemente decidí esperar.


Medio.
Me invadió una gran sensación de bienestar al sentir tu cabeza apoyada en mi pecho. Una sonrisa afloro en mis labios al saber que tenías planeada la boda. Las cosas iban muy bien con tu novia y decidieron casarse pronto. Era como quien dice, tu despedida de soltero.
Como era una ocasión especial, decidí darte otra experiencia nueva. Saque todas las cuerdas de mi mochila.
Ordene en la cama los atados de cuerda por longitud y dureza. Cuerdas blancas de algodón, cuerdas blancas y combinadas con azul, y un par de rollos de cinta de cinturón de seguridad. Unos paliacates y unas tijeras de uso rudo completaron el equipo.
Comencé  atándote las manos a la espalda, dando varias vueltas en tus muñecas para ampliar la zona de presión y dar la impresión de ser unos brazaletes de cuerda. Te sorprendió la suavidad de la cuerda en contraste con la firmeza de la sujeción lograda. Te inmovilizaba las muñecas, pero no lastimaba. Era una sensación completamente sensual. Tome otra cuerda y sujete tus muñecas, la pase sobre tus hombros, como tirantes, y comencé a tejer diamantes de cuerda en tu pecho. Ajustaba la tensión por aquí, y algún nudo por allá. Rozaba tus tetillas de forma juguetona, colocando la cuerda por momentos, para que disfrutaras del roce por tu cuerpo.
Te recosté en la cama, y ate tus tobillos con vueltas suficientes para apretar sin dañar tu piel. Subí por tus pantorrillas anchas y fuertes, atando algunas vueltas por arriba y por debajo de tus rodillas. Ate tus muslos con dos vueltas amplias a la altura de la ingle, y aproveche para soltar los cabos y atarlos a los tobillos, Tirando de ellos para inmovilizarlos, mientras daba pequeñas mordidas en tus chamorros.
Tome una cuerda delgada y sujete los dedos gordos de tus pies, y los uní a las rodillas para tener las plantas de tus pies libres e indefensas.
La cereza del pastel fue una mordaza hecha con una cuerda bicolor, blanca y azul.
Y quedaste libre e indefenso. Fueron tres horas de juego con tu cuerpo atado, y disponible para mi. Fue delicioso.
Al final mientras descansábamos recostados te felicite una vez más por tu próximo matrimonio. Yo solo podía darte mis dos comentarios: Felicitarte y desearte un excelente matrimonio. Y recordarte que los anillos mágicos solo existen en los cuentos y novelas. Cuando tu esposa te pusiera el anillo en tu dedo, nada de tus filias y deseos cambiaría ni desaparecería. Te pedí que lo reflexionaras, porque no ibas a cambiar por dentro solo por cambiar tu estado civil.  Tu solo me dijiste –Adiós, muchas gracias por todo, y nunca más.
Yo solo esboce una pequeña sonrisa, y pensé que una vez más, solo debía esperar.


Índice
Como todas las veces anteriores, fue un gran gusto verte. Mi rostro se ilumino con una gran sonrisa cuando te ví. Subí a tu automóvil de color azul marino y nos dimos un fuerte apretón de mano.
Mientras conducías me diste la gran noticia del próximo nacimiento de tu primer hijo. Estabas emocionado y feliz, aunque con los nervios de ser padre primerizo. Todos los preparativos y visitas al médico te ponían muy nervioso.
Cuando llegamos a tu casa los nervios cambiaron de causa. Ser dominado, sometido y humillado en tu propia casa era algo que te excitaba y te causaba mucho morbo.
Al cerrar la puerta te tome del cuello y te coloque de espaldas a la pared. Sujete tus manos con las mías y las levante hasta dejarte casi parado sobre las puntas de tus pies. Pegue mi cuerpo al tuyo para inmovilizarte contra la pared. Me acerque a ti. Tus ojos automáticamente buscaron el piso, mientras acercaba mi boca a tu oreja, y te susurraba suavemente los detalles de la noche.
Serías mi perro y esclavo toda la noche y la mañana siguiente. Te desnudare y te colocare de rodillas para ponerte el collar de perro que tenía placa de perro, cerrado con un candado, cuyas únicas llaves yo conservaría en mi poder. Te dejare lamer todo mi cuerpo, de la cabeza a los pies mientras descansaba de mi viaje, recostado cómodamente en tu cama. Después me prepararas una bebida, para refrescarme mientras preparas y sirves mi cena. Pondré las sobras en tu plato de perro, que comerás después de lavar los trastes y dejar la cocina limpia.
Cenaras mientras tomo un buen baño, y estarás listo con una toalla para secar todo mi cuerpo, así que deberás cenar muy rápido.  Luego me seguirás hasta la cama y masajearas mis pies con tu boca mientras veo televisión. Al terminar mi película favorita, prepararas un café para revisar a gusto mis pendientes en la computadora portátil. Antes de dormir, te pondrás a cuatro patas y te daré una serie de nalgadas que servirán para relajar mis músculos, y descargar la tensión de mi espalda.
Después te daré permiso de colocar una manta en el piso a los pies de la cama para que duermas junto a mí. Dormirás en el piso, así estarás cerca si necesito algo durante la noche, desde ir al baño, hasta un vaso de agua. O simplemente para que mis pies no toquen el piso frio al levantarme por la mañana. Y al despertar… vendrá una pequeña sorpresa.
Al terminar de susurrarte los detalles, jadeabas y tu cuerpo se pegaba y se frotaba contra el mío,  sentía tu excitación en mi piel, casi podía oler la adrenalina emanada por los poros de tu cuerpo. Sentía tu respiración entre cortada en mi oreja. Desde luego que la sesión fue placentera de principio a fin.
Por la tarde, mientras esperaba la salida de mi autobús de regreso a la ciudad, solo me quedo decirte que serías un gran padre. Todos estos años de conocerte y descubrir cosas acerca de ti, de madurar y crecer como esclavo, de cuestionarte las cosas que te sucedían, habían hecho de ti una gran persona. Serías comprensivo y firme para guiar a tu hijo. Le darás amor y disciplina, la libertad suficiente para crecer y las reglas para que sea excelente persona.
Cuando anunciaron la salida del autobús, nos levantamos, me miraste un poco incrédulo y me diste un abrazo. Me dijiste que ahora que tenías la responsabilidad de un hijo y lo mejor era cerrar el círculo y dejarnos de ver. Nuevamente me dijiste -Gracias por todo, adiós, y nunca más.
Al salir de la terminal, mientras miraba tu rostro atrás del cristal, solo pude sonreír, y pensar en volver a esperar.


Pulgar
La cerveza bien fría es algo que siempre he disfrutado, y más cuando estoy en la compañía de un buen amigo. Recordar todas las cosas que hemos pasado juntos, y las cosas que han sucedido en todos estos años, es agradable porque han sido buenas. Como siempre y como todo hay sus altibajos, sus periodos malos y buenos, pero aquí seguimos.
Ahora, después de  todos estos años de conocernos, de pasar de alguna manera todos los eventos personales que nos han sucedido, se ha creado un lazo de unión muy fuerte.
A estas alturas no solo eres mi esclavo y perro fiel, eres también mi amigo. ¿Por qué nunca deje de recibir tus mensajes o de entrenarte como mi esclavo y perro? Si, sé que muchas veces me dijiste que hasta ahí llegaba todo. Pero hay una razón, déjame contarte una leyenda china.
Hace muchos años había un rey mono que era un verdadero dolor de cabeza para todos en el cielo y la tierra. Era un excelente guerrero, muy hábil y astuto para sus travesuras. Los Dioses intentaron disciplinarlo, pero siempre lograba salirse con la suya. Derrotaba a los ejércitos y a los generales, se burlaba de la autoridad. Corría aventuras simplemente por el pacer de sacar de quicio a los demás y aceptaba retos, solo para irritar a los dioses.
A tal grado llego a ser invencible e impertinente, que los dioses cansados y derrotados pidieron ayuda al mismísimo Buda. Buda llamo al rey mono y le aposto a que no podría escapar de su mano. El rey mono, que se sabía capaz de cubrir enormes distancias de un solo salto, acepto sin preocupación. Se dio vuelta y dio un gran brinco y aterrizo en un lugar desierto, en el que solo había cinco pilares. Tallo su nombre en uno de los pilares y dio un salto más para regresar a donde estaba Buda. Cuando aterrizo, le conto feliz de su logro y de la prueba que dejo tallada en aquel pilar. Buda sonrió solamente y le pidió que volteara. Atrás del rey mono estaban los dedos de Buda y en uno de ellos estaba la inscripción que había tallado. Cuando se dio cuenta que había perdido, el rey mono trato de escapar, pero Buda volteo su palma y lo atrapo bajo una enorme montaña, manteniéndolo así castigado durante mucho tiempo, hasta que el rey mono se ofreció a servir a un monje. Así, a través del servicio y obediencia, alcanzo la verdadera sabiduría y regreso al cielo.
Tú eres un poco como el rey mono, travieso, y aventurero, aunque muy inconstante.  Pero tienes un gran potencial y grandes capacidades para ser un excelente esclavo. Puedes tratar de escapar, de negar, o de olvidar, pero nunca lograras dejar este placer de lado. Ya lo has visto y comprobado a través de los años. Intentas saltar fuera de mi palma y de mi influencia, pero siempre terminas cayendo nuevamente en mí mano. Has grabado diferentes cosas en tu vida creyendo que son firmes pruebas de que me has sacado de tu pensamiento. Y al final henos aquí conversando de todas las cosas pasadas y de las que aún están por venir. Sigues dentro de mi palma y has comprendido que parte de lo que te da plenitud es servir.
Has integrado tu sumisión a tu vida y has dejado de pelearte con eso, eres más feliz ahora.
Yo solo he debido esperar cada vez que saltas, y estar ahí para recibirte y darte una pequeña lección para reflexionar. Estoy orgulloso de los que has madurado, y del hombre y esclavo en que te has convertido. Y seguiremos juntos compartiendo este camino.
¿Qué por qué te muestro mi palma izquierda?
Es porque en esta palma es donde has dado tus saltos, y es la que está más cerca de mi corazón.




Sal/0714/ver1.1